22. April 2013

El Ojo del Inca / Im Auge des Inka


 

Dice Concolorcorvo: 

A las cuatro leguas de Potosí hay un muy buen tambo, actualmente inútil porque a corta distancia está, en agradable sitio, una casa que llaman de los Baños. Ésta, en realidad, es más que competente y muy bien labrada, con buenos cuartos y división de corrales para las caballerías. El baño está en un cuarto cuadrilongo, cerrado de bóveda y de la profundidad de una pica. El agua se introduce por un canal, es naturalmente caliente, y aunque dicen que es saludable y medicinal, pienso que es muy perjudicial en lo moral y aun en lo físico. En lo moral, porque se bañan hombres y mujeres promiscuamente, sin reparo alguno ni cautela del administrador, de que resultan desórdenes extraordinarios, hasta entre personas que no se han comunicado. 
En lo físico, porque se bañan en las mismas aguas enfermos y sanos, tres y cuatro días sin remudarlas ni evaporación, porque la pieza está muy cerrada, que apenas entra el ambiente necesario para que no se apaguen las artificiales luces, que se mantienen opacas y cuasi moribundas entre la multitud de vapores que exhala el agua caliente y nitrosa, como asímismo la de los cuerpos enfermos y sanos. Esta bárbara introducción es la que atrae a multitud de concurrentes...




La excursión
El domingo de Pascua, hartos ya de Iglesias y de procesiones, decidimos hacer una excursión al Ojo del Inca. Las fotos de los prospectos muestran una laguna redonda como una moneda, de “cien metros de diámetro”, situada  en medio de una naturaleza peculiar.  Dicen, además, que es de agua caliente y medicinal, que mana de una fuente subterránea a 50° y pregonan sin cesar su “unicacidad” mundial. Imposible resistirse.
En la recepción del hostal nos informan de que para llegar allí lo mejor es tomar un taxi y de que en el hotel hay unos argentinos que también quieren ir, lo cual abarata el precio. Los argentinos, Sergio y Lorena, son una pareja de economistas joven y simpática. Querrían estar de vuelta para después de la hora de comer y continuar viaje a Sucre.
 La recepción se ocupó de llamarnos un taxi, de regatear el (modestísimo) precio y de concretar el tiempo de espera en la laguna (1,5 horas). También nos puso en la mano un prospecto de la Hacienda Cayara diciéndonos que era una bonita casa colonial con valor museístico y que merecía la pena acercarse por allí. 
Fabio, el taxista, era joven, callado, parco en sus contestaciones. El camino pasaba por un buen cañón entre peñas de arenisca roja. Nos mencionó la Cueva del Diablo, una gruta con puerta de reja en la que, hace años, se había celebrado alguna misa negra que le dejó el nombre y nos llevó al Ojo del Inca, a unos 30 km al NO de Potosi y un par de cientos de metros más bajo que la ciudad.
Por encima del pueblo se veían algunos coches aparcados y allí nos dirigimos, atravesando ahora un paraje casi desértico que podía estar igual en el norte de Burgos o en la provincia de Soria. Nos bajamos y no pudimos evitar reírnos, porque los 100 m de diámetro había que reducirlos a la mitad. 
 

Pero allí estaba la laguna, una circunferencia perfecta de unos 40 m de diámetro, según pudimos comprobar en los mapas de Google. Aparcados en la orilla, una docena de coches, pocos domingueros para un domingo con tan buen tiempo.
 La mayoría eran familias de la región que aprovechaban el agua caliente gratis para lavar sus coches, sus cabellos o su colada, pero el lugar era amplio y nadie molestaba a nadie. 
Además, la laguna tenía un desaguadero (por lo visto, el agua que rebasa se aprovecha en el pueblo de abajo para un “spa” que no visitamos) y el agua caliente manaba constantemente de modo que, a pesar del color verdoso, se tenía una segura sensación de limpieza.
El bonito cinturón de césped verde que rodeaba el Ojo se limitaba a un metro, suficiente en todo caso para salir del agua sin pisar  la tierra. Detrás del cinturón, desierto. Tampoco hay infraestructura alguna, por ejemplo, wáteres, papeleras o cabinas para cambiarse. Hay allí tres o cuatro casitas de piedra que seguramente hubieran podido servir para este fin, pero están cerradas, semiderruidas, con las ventanas rotas, rodeadas de basura. En una de ellas una mujer asoma la jeta por una ventana y pide 10 bs por persona. Por lo menos hay algo que funciona. A nuestra pregunta de por qué pide dinero si no ofrece servicio, cerró la ventana. Sabine y los argentinos empezaron a buscarse matojos por los alrededores para cambiarse. Yo lo llevaba puesto. 
El agua de la laguna estaba buenísima, no a 50°  sino a unos 30°. El fondo del agua desciende vertical desde la orilla hasta no se sabe cuántos metros, quizás ochenta, cien o más… se podía nadar, dormirse en el agua, asirse de un par de cuerdas que atravesaban la superficie para ayudar a los náufragos. La hora y media pasó antes de lo que pensábamos. Salir del agua daba frío a pesar del sol radiante de mediodía.  Al otro lado de la poza un par de turistas muy jóvenes y muy rubias se tostaban al sol. Los demás bañistas eran oriundos. Fabio nos vino a buscar para volver a casa.
Era pronto. La excursión hasta allí en Taxi nos había costado 100 bs, ninguno de los cuatro tenía ganas de regresar con el día tan bueno que hacía y empezamos a preguntarnos si no queríamos ir a la hacienda. Aunque visitar una hacienda convertida en hotel no nos atrajera demasiado. Hablamos con Fabio y dijo que nos llevaba por 50 bs más. Y nos fuimos para allá. 
desde el coche .../ aus dem Auto im Vorbeifahren
 El viaje duró una media hora por una carreterilla que se metía en un valle lateral, que era tan idílico como desértico el cañón de la ruta principal. Pasamos por una central eléctrica escondida entre los montes, luego por una aldea, Santa Lucía, en la que los labradores salían de la función religiosa del domingo de Pascua con las cabezas adornadas con flores amarillas, ellas y ellos. Aparentaban ir tan despreocupados y contentos, componían una imagen tan inocente, que caímos demasiado tarde en que habría que sacar fotos. Y de alguna manera también nos daba vergüenza fotografiar y estropear una escena tan ajena a sí misma.
Sólo a escondidas supe hacer alguna. En todo este entorno parece que apenas llueve, pero grandes cantidades de agua bajan de los montes y hacen posible la agricultura y el verdor natural que tiñe el valle. Hasta la (infernal) pista de tierra contribuía a aquel bucolismo inesperado. 
 
Finalmente llegamos a la finca y curioseamos un poco por allí en busca de un café. Pasamos por un par de patios y una criadita, hija de los porteros, entró en la casa para “avisar a don Edgard”. Poco después apareció él, con signos evidentes de haber interrumpido la comida, y preguntó qué deseábamos. No lo sabíamos: ¿visitar el hotel? ¿Había un museo? ¿Se podía tomar un café?... Nos pidió que esperáramos y nos mandó a un mozo para que nos mostrara el huerto mientras él terminaba de comer. El huerto era grande y estaba bien cuidado pero no era deslumbrante. Sobre todo había alcachofas. 
Luego llegó don Edgard y quién sabe por qué le fue entusiasmando teniéndonos como interlocutores según iba mostrándonos la casa. La historia de la familia Pendón, la llegada de los franceses Soux que, a mediados del siglo xix se habían hecho dueños de la finca. Llegó un francés y pretendió arrendar a la anciana Pendón una parcela con agua, pero la anciana, sin descendientes, le propuso que se quedara con la finca entera a cambio de mantenerla y restaurarla.  Don Edgard es descendiente de aquel francés.


Contó la historia de su abuelo, director de la Casa de la Moneda de Potosí, y de de su padre, Decano de no sé qué facultad de ingeniería potosina. Luego habló de sí mismo: había hecho el bachiller en un internado de Santiago de Chile, con un profesor de lengua y literatura española que era uno de los 2500 exiliados de la guerra llegados a Valparaíso en el barco botado por Neruda, el Winnipeg. Describía a ese señor como una especie de Domine Cabra pulcro (“pequeño, atildado, con nariz  desmesurada y  vestido de negro con cuello blanco…) que le obligó a aprender poesías, por ejemplo el monólogo de Segismundo de Calderón de la Barca. 
Es curioso cómo perviven estos fósiles culturales y cómo contribuyen a unir las suturas de la distancia. Las mismas poesías de Gabriel y Galán que yo me aprendí de pequeño se las oí recitar a una dama de La Rioja (Argentina), que había sido maestra de profesión y, aunque no había entre nosotros ni la más remota coincidencia de ideas, en el momento en que nuestras voces pronunciaron al unísono los mismos versos, teníamos más en común que en toda la tarde de conversación. Con Don Edgard pasó algo parecido. Con el “apurar cielos pretendo” de la Vida es Sueño, mucho lazos nos ataban aun sin habernos visto nunca: por lo menos, las misma casta periclitada de maestros, idénticos pupitres, similares castigos... Don Edgard dio rienda suelta a su chochez y se emocionó: nos habló del aprendido placer de exprimir los sonidos de la literatura, del gusto con que se había puesto a escribir sus memorias, del poder de evocación de esa poesía tan trasnochada, tan demodé y de la recompensa de poder recitarla recogiendo cada vez un sentido nuevo, distinto de todos los anteriores. Acabó regalando una “Oda a la Muerte de su Madre” a Lorena y a Sabine.
 

La visita a la estancia española más antigua de Bolivia duró más de dos horas. Don Edgard nos paseó por el salón de caballeros y, habitación por habitación vimos toda la casa: la biblioteca, su cuarto de trabajo, el comedor decorado con pinturas murales de inspiración ingenuista y de factura infantiloide, el dormitorio de la vieja Pendón, la capilla….      
 
Fabio, el taxista, rumiaba la demora sentado en un banco con cara de cabreo. Me acerqué a decirle que no se preocupara, que hablaríamos. Me comentó que normalmente estas visitas duran un cuarto de hora, que tendrámos que pagarle 50 bs. más.  Lo hicimos con gusto.
Nos hubiera gustado pasar en la estancia unos días, a pesar del precio, (100 $US por persona, agua caliente todo el día,  cocina con ingredientes del huerto y del corral, charla amena...)  Pero había un inconveniente insalvable:  la altura. Queremos ya bajarnos definitivamente del altiplano porque nos cansa cansarnos cada tres pasos. Sabine se va a volver adicta al Sorochil y menos mal que las hojas de coca no crean adicción… Además, ya teníamos habitación en Sucre reservada a partir del día siguiente.


Privatkirche

Ein Osterausflug
Am Ostersonntag hatten wir endgültig genug von Kirchen und Prozessionen und beschlossen, einen Ausflug zum sog. Auge des Inka zu machen, zum Ojo del Inka. Die Fotos der Prospekte zeigen einen kreisrunden See in hübsch angelegtem Ambiente, dazu heisst es, dass eine unterirdische heisse Quelle diese Lagune nährt, das Wasser habe gut 50 Grad C. und der Durchmesser der Lagune betrage 100 m; sowas sei einzigartig auf der Welt. Wer könnte diesen Superlativen widerstehen.


Unsere Pensionsbesitzerin versichert uns, dass ein Taxi das beste Beförderungsmittel sei, und ausserdem sei da ein argentinisches Paar, das dieselbe Unternehmung machen wolle, wir könnten uns ja zusammentun. Die  Argentinier, Sergio und Lorena,  waren jung und nett. Sie wollten am späten Nachgmittag nach Sucre weiterreisen und waren bis dahin unternehmungslustig.
Die Wirtin rief uns ein Taxi, handelte mit diesem den (sehr bescheidenen) Preis aus sowie die Wartezeit an der Lagune (1,5 Std.) und gab uns den Prospekt von der kolonialen Estancia Cayara mit auf den Weg, die sollten wir doch auch besuchen, sie lohne es und liege dort in derselben Gegend …

Das Taxi fuhr uns durch einen eindrucksvollen Canyon aus rotem Sandstein zum Dorf Tarapaya, ca. 30 km nordwestlich von Potosí und auch ein paarhundert  Meter tiefer. Etwas oberhalb des Dorfes sah man einige Autos geparkt, und dorthin ging es, durch ziemlich kahles wüstenartiges Terrain, bis wir an der Lagune parkten. Wir stiegen aus und lachten erstmal, denn von 100 m Durchmesser konnte keine Rede sein. 

Aber sie war da, die Lagune, kreisrund in der Tat, wir schätzten 50 m in Durchmesser, aber Google-Maps zeigt eher 40 m. Am Ufer war etwa 1 Dutzend Autos geparkt, akzeptabel für einen Sonntag Mittag. Die meisten der Anwesenden waren einheimische Familien, die das gratis Warmwasser zum Auto-, Haare- oderWäschewaschen nutzten, aber das Gelände war doch gross genug, dass das nicht wirklich störte. 
 


Ausserdem hat der See einen Auslauf (das abfliessende Wasser wird unten im Dorf für ein “Spa” genutzt), es sprudelt ständig frisches warmes Wasser von unten nach, so dass man trotz einer grünen undurchdringlichen Farbe durchaus das Gefühl von Sauberkeit hatte.
Die schönenGrünanlagen rund um den See beschränken sich auf einen Gürtel von 1 m, grade dort, wo Seewasser hinkommt  – es ist genug, um sich an den Rand zu setzen. Dahinter ist Wüste, und es gibt auch keinerlei Einrichtungen wie z.B. Toiletten, Mülleimer oder Umkleidekabinen. Es stehen dort zwar drei relativ neue Steinhäuschen, die sicher zu genau diesen Zwecken gebaut wurden, aber sie sind verschlossen, das eine oder andere Fenster ist kaputt, rundherum liegt Müll. In einer der Hütten wohnt eine Frau, die ein Fenster öffnete und pro Nase 10 Bolivianos kassierte. Dieser Teil der Anlage funktioniert also. Auf unsere Frage, was man für das Geld erhalte, schloss sie das Fenster. 
Irgendwie konnte man sich hinter den Hütten im Müll umziehen, und – platsch – Gabriel war schon in die Lagune reingesprungen. Es geht senkrecht so tief, dass man wirklich vom Ufer aus ins Wasser springen kann. Drinnen: Badewanne!  Nicht die 50 Grad, mit denen das Wasser wohl von unten in den See reinsprudelt, aber man konnte ohne Zeitlimit einfach so in der Wärme rumdümpeln, ein wenig aufweichen, sich rücklings in der strahlenden Sonne treiben lassen. 

Gabriel ist ein paamal quer durch das Rund geschwommen, Lorena und ich blieben eher in Ufernähe, Sergio zierte sich und blieb ganz am Rand, weil er offenbar nicht gut schwimmen kann, aber die 1,5 Stundenvergingenschnell. Draussen dieser kuriose, der Höhe geschuldete Temperatureffekt: die Sonne brennt, aber im Schatten ist es kalt (aber es gibt kaum Schatten); der sonnige Tag reicht in diesen Höhen nicht aus, um die von der Nacht tiefgekühlte Erde zu erwärmen. Auf der anderen Lagunenseite sassen ein paar blonde, leicht als Touristinnen zu identifizierende junge Frauen in der Sonne, sie schienen sich dort für den ganzen Tag einzurichten, aber wir fürchteten den Sonnenbrand und auch den wartenden Taxifahrer und machten uns auf den Rückweg.
Es war allerdings noch früh am Tag. So fragten wir, was es kosten würde, uns zu dieser Estancia Cayara zu fahren, die uns die Wirtin so warm ans Herz gelegt hatte. Der Taxifahrer nannte einen wieder durchaus bezahlbaren Preis, so dass wir alle 4 nickten, ohne richtig zu wissen, was es war, was wir nun besuchen würden.
 
Die Fahrt dauerte eine gute halbe Stunde in ein ganz unerwartet schönes Seitental. So karg und schroff das Haupttal gewesen war, so lieblich, grün und hübsch war es hier. In der ganzen Gegend gibt es offenbar kaum Niederschlag, aber Massen von Wasser, das von den Bergen kommt und damit Landwirtschaft und natürliche Begrünung ermöglicht. Es war alles voller Felder, kleiner Dörfer, Blumengärten. Die Bauern trugen mit Blumen geschmückte Hüte (es war ja Ostersonntag) und alles wirkte trotz Holperstrasse ungemein lieblich.

Schliesslich parkte der Fahrer vor einer einladend rostrot angestrichenen Finca und wir schauten uns um, gingen von dem Vorhof  in einen ersten Innenhof und stiessen nach einer Weile auf einen älteren Mann, der der Besitzer zu sein schien und den wir offensichtlich vom Essen aufgescheucht hatten. Da wir nicht so richtig sagen konnten, was wir hier wollten, fragten wir verlegen nach Kaffee und wurden angewiesen, ein wenig zu warten. 
Dann wurde uns ein jüngerer Mann geschickt, er zeige uns schon mal den Gemüsegarten, Don Edgar würde uns dann schon weiter herumzeigen. Der Gemüsegarten war reichhaltig, aber nicht überwältigend, aber dann hatte Don Edgar wohlaufgegessen und führte uns voller Stolz durch das Anwesen. Es sei die älteste einst spanische Estancia (von ganz Bolivien?), einst (im 17. Jh.) von  … erbaut und später von seiner französisch stämmigen Familie erworben, gehöre nun seinem Vettern, der in Potosí erst Universitätsdirektor und später Präsident der “Casa de la Moneda” gewesen sei (oder umgekehrt?), und er selber sei nun der Verwalter. Für nicht sehr teures Geld könne man dort nächtigen und sich bekochen und bedienen lassen. Was leider nicht in unseren Plan passte, wir hatten ja schon in Sucre reserviert, aber es wäre es durchaus wert! 

Während Don Edgar uns Zimmer für Zimmer, Möbelstück für Möbelstück, den “Rittersaal” und die wunderschöne Kapelle zeigte, er wärmte er sich für sein Thema. Gabriel schien ihm ein würdiger Gesprächspartner, wir anderen drei und – in etwas Abstand – der Taxifahrer wurden weitgehend ignoriert. Mit jedem Raum wurde die Informationsdichte höher. Wir lernten Familiengeschichte, Sozialgeschichte und die Geschichte des historischen Gebäudes kennen, bis ins Detail, ob wir wollten oder nicht. Don Edgar war nicht mehr zu bremsen. Der Taxifahrer im Hintergrund wurde sichtlich nervös, die Argentinier verpassten den letzten Bus. Aber Don Edgar erzählte weiter. Und schliesslich endeten wir (immer noch kaffeelos) in seinem Büro, wo er den Computer anwarf und uns ein Gedicht ausdruckte, das er einmal geschrieben hatte und das die Zeitung abgedruckt hatte. 


c
 
Als Gabriel sich kurz zur Toilette verabschiedete, war der Moment gekommen, den Bann zubrechen. Wir müssten leider los, versuchte ich vorsichtig … die Argentinier stimmten ein, wir entrichteten unseren Obulus für die hervorragende Führung und sassen schliesslich wieder völlig erschöpft und kaffeefrei im Taxi. Bei anderen Anlässen habe diese Führung 15 Minuten gedauert, berichtete der Taxifahrer, heute waren es 2 Stunden gewesen! Gabriel versprach dem Taxifahrer  50 Bolivianos für die Wartezeit, so dass auch der wieder zufriedener wirkte, die Argentinier beschlossen, statt dem Bus ein Sammeltaxi nach Sucre zu nehmen, und so kamen wir alle zufrieden zurück nach Potosí, um ein Erlebnis bereichert, das sicherlich zu den kuriosesten in diesem Reiseabschnitt gehört.


19. April 2013

Potosí

Potosí
 

Potosí
Escena al borde de la carretera antes del primer puerto

El autobús salió de Uyuni cargado de guiris, de nativos y de nosotros con un tiempo magnífico, pero tras dos pasos de montaña de unos 5000 m, el cielo se cerró, se volvió gris plomizo y entramos en la nieve. Por suerte, en la carretera quedó sólo un barrizal de aguanieve, porque si nos ponemos a esperar, como haríamos en Alemania, un vehículo dispensador de sal, estábamos listos. Y no nos atrevemos ni a pensar lo que puede hacer un autobús como el nuestro bajando por una carretera de montaña con hielo.
Agua de Castilla. Al fondo, Porco

Entramos en la nieve en un pueblo llamado Agua de Castilla (casi un barrio de la ciudad minera de Porco) y llegamos sanos y salvos a la vieja terminal de Potosí. Un taxi nos llevó por 10 bs al hotel que habíamos reservado vía internet, Tukos-Hostal Casa Real, en esta semana (santa) en que todo Potosí parecía estar ocupado y fue imposible encontrar un apartamento. El hotel es un edificio azul en un calle principal, a tres manzanas de la Plaza Mayor.
¿Quién no ha oído hablar de Potosí, la vieja metrópoli de la plata que alimentó el imperio de los Habsburgo más de 200 años? La ciudad minera de donde salió durante siglos sucesivos metal suficiente para financiar las guerras contra los protestantes de Carlos V, las guerras de Flandes de Felipe II y otras guerras igual de irracionales, ruinosas y descabelladas después?. En el Cerro Rico trabajaban en los siglos XVII y XVIII unos 5000 y hasta 13.000 mineros.
Potosí llegó a tener más habitantes que París y fue la capital más importante de las colonias, más que Lima y que México.
Las vetas de plata no se agotaron hasta el siglo XIX. Desde entonces, del  Cerro Rico se extrae sólo cinz, estaño y otros metales secundarios, la ciudad ha perdido importancia y durante el siglo XX se consideró que estaba absolutamente empobrecida.
Potosí está situada, un poco como La Paz, en un valle con diferencias de altura de 300 ó 400 m. entre los puntos más alto y más bajo; tiene unos 160.000 habitantes y apenas hay huellas de barriadas desbordantes en las afueras ni en las colinas que la rodean, que son hasta unos 400 m más altas que la población. La mayor de todas, el Cerro Rico, 800 m más alto, es un volcán apagado, lo que aclara que sus venas de plata fueran limitadas: Alguna vez ascendieron desde el corazón de la tierra y brotaron por su cráter, después, nada más.

Mirándolo todo desde la ventanilla del taxi, llegamos al hostal: una recepción sencilla y, detrás, un gran patio cubierto. Escaleras. De nuevo me dejé el resuello subiendo hasta el segundo piso las dos maletas en esas alturas sorochiles y arrastrándolas en el segundo hasta la habitación más alejada. Pero, señores qué habitación!: de dimensiones gigantescas, con una gran cama doble, dos sofás, un mesa antigua con sillas antiguas (con lo bien que se escribe en esas mesas redondas de estilo biedermayer!) una cómoda con espejo y, sobre el espejo, una ventana panorámica de 4 metros de anchura por 1 de altura con vistas a los tejados de Potosí y, por encima de ellos, al Cerro Rico. Imposible despegar la mirada del cristal. Por la mañana, a mediodía, por la noche, siempre la misma perfecta forma cónica enmarcada por una luz distinta, siempre una impresión nueva, siempre hermosa, hasta por la noche. Detrás de la mesa, un segundo ventanal ocupando toda la pared, que daba a la catedral y a la plaza. Y por si esto no bastara, se podía subir a la gran terraza, un piso más arriba, que ocupaba toda la planta del edificio y desde allí estarse mirando los tejados y torres en cualquier dirección. Esa habitación número 14 fue sencillamente un acierto total y, durante una semana entera, nuestra casa.

Potosí está a 4000 metros del altura (4006 es el nombre de un bar cercano a nuestro hotel) y nuestro primer paseo –inevitablemente  calle arriba o calle abajo- nos deja sin respiración, aunque vengamos de Uyuni y de La Paz. Además hace un frío gélido. En estas alturas reina, como en Uyuni, ese clima que los alemanes llaman Tageszeitenklima, es decir, que tiene más diferencia de temperatura entre el día y la noche que entre el invierno y el verano. Pero esa noche hacía un frío demasié. Nos recogimos pronto en nuestra habitación, nos sentamos a nuestra mesa, nos sumergimos en el internet y, mira por dónde, el radiador de la habitación se pone al rojo vivo. TODAS las guías de viaje de Bolivia avisan de que en las pensiones y hoteles de todo el país no hay que contar con calefacción ni muchas veces con agua caliente. Pero no es así: Hay agua caliente hasta en el más mugriento albergue de mochileros y, donde es necesaria la calefacción, pues también. Según nuestra experiencia estas instalaciones funcionan incluso mejor que en Argentina, quizás porque son más recientes.
Por la noche nevó. Ante la luz de las farolas de la calle, desde nuestra ventana, vimos caer los copos silenciosa, lentamente hasta que los tejados se pusieron blancos. A la mañana siguiente la nieve se había derretido. Sólo el Cerro Rico se quedó hasta medio día espolvoreado de harina.
La primera frase de la „Lonely Planet“ (en alemán) que tenemos, dice: „Potosí schockiert“ (Potosí causa schock). Luego empieza a enumerar la pobreza de los mineros, los contrastes sociales y la miseria de los niños trabajadores del Cerro Rico. Por supuesto que estos hechos se corresponden con la realidad, pero para sufrir un schock hay que ir a buscar la miseria: Las innumerables agencias turísticas ofrecen tours para ir a las minas a verla. Pero si no se va, las relaciones sociales de la urbe no son diferentes a las de cualquier ciudad boliviana. Lo que sí se ve es la ciudad colonial mejor conservada que hemos encontrado en todo nuestro viaje. Y como los palacios coloniales son utilizados casi exclusivamente para instituciones públicas, el centro de Potosí está lleno de escuelas, institutos, colegios, escuelas profesionales, etc. Esto mismo facilita el poder entrar en los edificios para echar un vistazo a los bonitos patios.
A mediodía y al atardecer las calles se llenan de tantos escolares y bachilleres que da la impresión de que en la ciudad no hay habitantes mayores de veinte años, excepto las madres y padres que acuden a buscar a los más pequeños.
Pero hay contrastes que no entendemos bien: Por una parte apenas se ven en Bolivia familias numerosas, lo cual era corriente en Perú; por otra, se ven muchos padres jóvenes con sus hijos en brazos, lo que en Perú, donde los niños eran „cosa de mujeres", no era una estampa habitual. En Perú se subían a los autobuses madres con cinco hijos (que no pagaban) y, antes o después, acababan apoyados o durmiendo en las piernas de los viajeros porque las madres no daban abasto. En Bolivia, en cambio, parece normal que las familias tengan sólo uno o dos hijos. Hace poco la derechona boliviana levantó un revuelo por la prensa (vuelvo a recordar que en la prensa de la oposición de este país tiene mucho que ver PRISA y EL PAIS)  porque Evo Morales había dicho que Bolivia necesitaba gente, que las mujeres debían tener más hijos y que se estudiaba gravar con impuestos a las familias que no los tuvieran... Evo siempre tiene unos enunciados atroces, pero lo cierto es que Bolivia es el doble de grande que España y tiene menos de la cuarta parte de habitantes y, a las familias sin hijos, la Merkel en Alemania ya nos cose a impuestos, por ejemplo.

Nos hicimos adictos a la mazamorra que vendían en el mercado.
Pero estamos en Potosí, una ciudad donde la impresión dominante son el cascabeleo y las carreras de niños y jóvenes, con mucha más alegría en las calles que en La Paz o en el Altiplano. Por allí había mucha más gente vestida con trajes tradicionales, de gesto serio y poca sonrisa gratuita. En Potosí, en cambio, parece que la tradición minera ha favorecido el contacto con los forasteros, las cholas se ríen cuando les sacas una foto, la gente no va vestida con trajes regionales, la atmósfera es más relajada...
Y qué es  lo que pasa en definitiva con el trabajo infantil? Aunque no es fácil enterarse, se puede decir que pasa, más o menos, lo que pasaría con „la droga“ si fuera legalizada. Con Evo se suprimió de la Constitución boliviana el artículo que prohibía que los niños trabajaran; en su lugar, se incluyó otro que prohibe la explotación laboral de los niños. Esto da a los menores más seguridad, ya que antes, como estaba prohibido el trabajo infantil, no se podía denunciar el maltrato laboral. Las guías de viaje informan de que, legal o ilegal, el aporte de los niños a los ingresos familiares es necesario y, por lo tanto, está permitido legalmente. Pero parece demasiado alta la cifra de 1 millón de niños trabajadores en Bolivia, que es la que da el semanario Spiegel-online (2.12.2012), en  un artículo que informa sobre un sindicato de trabajadores infantiles (aunque sólo tiene 850 miembros, resulta que hay un sindicato de niños trabajadores!). Y en base a la nueva Constitución se trabaja en leyes nuevas que regulen cuánto trabajo y a qué edades se permitirá trabajar a los niños.

Muchas de estas guías de viaje están atrasadas (cuando subió Evo al poder todas las „democracias neoliberales“ pusieron a Bolivia en el indice de países peligrosos y el pais dejó de tener atractivo turístico). Algunos turistas que han subido a las minas de Cerro Rico nos han contado que lo realmente desagradable es pasearse por los túneles mientras los mineros trabajan y que han visto mineros de unos 15 ó 16 años, pero no niños de 8 ó de 10 años, como los que, hace una década, dicen que entraban arrastrándose en los túneles para poner los barrenos. (Barrenos todavía hay: algunos días, a eso de las cinco de la mañana, hemos oído las explosiones desde la cama). 
 
Aunque esto parezca el informe de la Cruz Roja Internacional sobre los campos de concentración nazis, lo que nosotros hemos visto son niños de uniforme que después de la escuela o a mediodía trabajan donde sea: vendiendo en una tienda, haciendo la tarea junto al kiosko de su madre, haciendo recados, vendiendo periódicos o chicles, incluso sirviendo en un bar. Parece que todos los niños van a la escuela, da igual dónde vivan y lo pobres que sean. El uniforme iguala.


Además de niños y edificios coloniales, lo principal de  Potosí es el Cerro Rico. Por fuera parece inocente, de cálidos colores, de formas imponentes.
La Virgen del Cerro
Un famoso cuadro muestra el monte como una mezcla de la Virgen María y de Pachamama, la madre tierra, diosa de las culturas precolombinas, cuya protección tambien necesitan los mineros. 
Las minas del Cerro son peligrosas, sobre todo, porque no hay plano alguno de por dónde van los túneles. Después de que la extracción de plata se extinguiera en el siglo XIX, la mayoría de planos y documentos desaparecieron; hubo después una fase de explotación salvaje en la que todo el que quiso se puso a extraer tierra para buscar minerales y, finalmente, el monte se privatizó. En 1985 fue nacionalizado y hoy está dividido en sectores y repartido entre muchas cooperativas, que son las que excavan donde pueden. Pero, aunque se supone que son unas 5000, nadie sabe exactamente cuántas galerías hay ni por dónde van. De todas formas se sigue barrenando con bastante ligereza y no es raro que algún túnel se derrumbe de vez en cuando. En el mercado que hay al pie del monte, todo el que quiera puede comprar cartuchos de dinamita. Se ha discutido si no merece la pena derrumbar todo el monte en lugar de seguir agujereándolo como un queso suízo, pero nadie se atreve a hacerse responsable de la desaparición de ese símbolo local (y nacional).

¿Semana Santa castellana o potosina?
Además del monte hay iglesias en Potosí. Más de 30 se han conservado de los tiempos coloniales, la mayoría del siglo XVII, decoradas en estilo barroco mestizo, o sea, realizado por indios que introdujeron su estética y sus símbolos en la iconografía religiosa cristiana. El casco antiguo y las iglesias fueron declarados patrimonio de la humanidad de la UNESCO, lo que seguramente atrae a muchos turistas.  Las guias de viaje lamentan que el boato colonial decae y que con la pobreza de la ciudad nadie piensa en reparaciones, restauraciones o  semejantes frivolidades. Pero también estas son informaciones añejas. Todas las iglesias que hemos visto, excepto dos, estaban en muy buen estado: Y hemos visto muchas, por lo menos unas veinte. No en vano pasamos en Potosí el Jueves Santo, día en que se cierran los bares y se ponen „monumentos“ en las iglesias para que la gente haga las visitas, en la más pura tradición española.
¿Demasiada peluca para San Juan?
La Semana Santa!. Inocentes preguntamos en la Oficina de turismo (un moderno edificio incrustado en la antigua iglesia de los Jesuitas) si había procesiones. Vaya pregunta supérflua! A partir  del miércoles se oye incesantemente todo el día los tambores y trompetas de las bandas de las cofradías, con músicos escolares o militares, desafinando, tocando seriamente, haciendo ejercicios... En las procesiones participan sobre todo niños en uniforme, seguramente por obligación, a paso de desfile y con una dignidad increíble.
La más espectacular fue la del miércoles por la noche, al esto castellano, con capuchones y más colorido y duración que una cabalgata de carnaval. En la oscuridad lucen las modernas luces estilo Taiwan: no hay antorchas ni velas, sólo luces de colores de leds con pilas. El Cristo azotado resulta patético, las plañideras que le siguen espeluznantemente chillonas, los soldados vestidos en la más pura tradición de las películas de romanos (o de Gengis Khan).

¿Procesión potosina o Anita Ekberg  y Jack Palance en "Los Mongoles"?
En una curiosa procesión infantil de un colegio de monjas, sólo iban niñas: la Virgen y las santas mujeres, la Verónica, las plañideras... pero tambien una Crista, una Cirenea, las Apóstolas, las Soldadas... No es esto progre? Qué diría Francisco si lo supiera?.

El tamborreo sigue después de la Semana Santa: el Lunes de Pascua se celebra el no sé cuántos aniversario de la fundación de Potosí y hay un desfile más. Incluso Evo hubiera venido si no hubiera caído enfermo de gripe. Las autoridades aplaudieron los desfiles del gran capital urbano: los colegiales. Pero ese mismo día, nosotros tomamos un taxi para ir a la  nueva terminal, porque nos íbamos de Potosí.
Para llenar nuestros cómodos días en Potosí con alguna tarea, vamos cada mañana a un museo o dos, que suelen estar también en iglesias o conventos.

Tejados de San Francisco
La guía del convento de San Francisco cierra la visita con una subida al tejado de la iglesia, lo cual ya vale el costo de la entrada. Otro día vamos al Convento de Santa Teresa, que ha sido restaurado con espledidez y que es un arcón de objetos de oro. El Jueves Santo nuestro diaria visita cultural se convirtió en un trip eclesiático, pue ese es el día de los monumentos y todas las iglesias permanecen abiertas toda la noche. En los pórticos se venden palmas trenzadas y golosinas (hasta huevos de pascua germánicos).
Entonces nos damos cuenta de la concienzuda labor que llevaron a cabo los misioneros: todas las iglesias se llenan ese día de gente que debería creer más en la Pachamama que en la Virgen, pero que, además, ha sido recargada con la misma moral que con la anunciación del destino de un palestinense nos cargó también a nosotros.

Monumento del Miércoles Santo ante la iglesia de La Merced (El Jueves Santo los Monumentos se hicieron dentro de las iglesias, pero la de La Merced no se abrió porque recientemente había sido saqueada). /
"La Merced" wurde auch Ostern nicht geoeffnet, da der gesamte Kirchenschatz kurz zuvor geraubt worden war.

 Multitudinaria visita al Monumento en San Martín
Este trip cultural dominado por la religión acaba el sábado santo con la visita a la Casa de la Moneda, la antigua ceca colonial que, logicamente, se estableció donde había materia prima para fabricar dinero metálico.
El complejo de edificios que ocupa una manzana entera ha sido convertido en museo colonial y muestra desde pintura hasta hallazgos arqueológicos. Al Museo van todos los turistas que pasan por Potosí y ese sábado, tras dos días de cierre, hordas de visitantes se agolpan en la visita. Nosotros también. En casi todos los demás museos fuimos casi los únicos.
Informativas de verdad fueron las salas en que aclaraban como se fabricaban las monedas.
Vimos muchos hornos para fundir el mineral y nos explicaron cómo hacían primero láminas de plata. Para trasladarlas a las prensas que les dieran el grosor adecuado, pero manteniéndolas calientes, había gigantescos mecanismos de madera de roble, importados desde España y que nos recordaron mucho a los „Pferdegoepel“, esas poleas tiradas por caballos de los Montes Metálicos. Al fin y al cabo 
estamos en el terreno de los Austrias. También aquí eran movidos por cuatro mulas atadas a un gran eje de madera que mediante poleas y ruedas dentadas accionaban las prensas situadas un piso más arriba, donde las planchas de plata era adelgazadas, cortadas en monedas y troqueladas como si fueran hostias.

¿Barbastro o Potosí?
¿Toledo o Potosi?
Estuvimos en Potosí casi una semana y la ciudad nos pareció de las más bonitas que hemos visto en todo el viaje. Pero en vista del frío vespertino, de lo bien que se estaba en nuestra habitación y de la Semana Santa, resultó una semana relativamente estéril.
Por casi todas partes hemos conocido a gente y nos hemos sentido personalmente ligados a los lugares en los que estábamos.
En Potosí nos sentimos continuamente anónimos, dos turistas más en una pensión agradable pero formal, en cafés y restaurantes globalizados... El último día hicimos una escursión y entramos en contacto con otra gente. Pero de eso hablaremos en el próximo „post“.

¿Almagro o Potosí?                                       ¿Procesión segoviana o potosina? 

Venta de palmas trenzadas a las puertas de las iglesias el Jueves Santo






Bild von Potosí von Gaspar Miguel Berrío (1758)
Cuadro de Potosí conservado en Sucre (Berrío, 1758)

Detail mit Wasserspeicherbecken oberhalb des Ortes
Detalle de los depósitos de agua situados en los montes de alrededor

Die weissen Faehnchen sind von einer Prozession, die zur Jungfrau des reichen Berges geht.
Las banderolas blancas pertenecen a una procesión a la Virgen del Cerro



Potosí

Der Bus startet bei strahlendem Wetter in Uyuni, aber nach dem 2. Bergpass, irgendwo in den 5000ern, zieht es zu, der Himmel wird bleiern grau und wir fahren in den Schnee. Glücklicherweise bleibt auf der Fahrbahn nur Schneematsche liegen, denn ob hier je ein Streufahrzeug vorbeikommt, wage ich zu bezweifeln. Und was so ein Bus macht, wenn er bei Glatteis die Pass-Straße runterfährt – ich wage es nicht, mir vorzustellen. Aber wir kommen sicher nach Potosí. Man lädt uns am alten Busterminal ab (aha, es gibt also irgendwo einen neuen!) und ein Taxi bringt uns ins per Internet reservierte Tukos-Hostal Casa Real (hier war kein Miet-Appartement im Angebot). Es ist ein freundlich blaues Gebäude an einer der Hauptstrassen, die zur Plaza führen, 2-3 Blocks von selbiger entfernt.


Potosí – das ist alte Kolonialgeschichte. Hier wurde der Löwenanteil des Silbers gewonnen, das Spanien seit Karl V. aus den Kolonien angeschleppt hat. Im „reichen Berg“ (Cerro Rico) arbeiteten im 17. und 18. Jh. bis zu 13.000 Menschen gleichzeitig (was damals übrigens das Erzgebirge pleite gehen liess, denn das Silber aus Übersee war viel mehr und wurde deutlich preisgünstiger gewonnen – was waren schon ein paartausend Indioleben!). Die Stadt hatte im 17. Jh.  mehr Einwohner als Paris (nämlich um die 200.000) und war die wichtigste Stadt in den Kolonien. Als die Kolonien im 19. Jh. unabhängig wurden, war die Silberquelle versiegt. Seitdem werden im Cerro Rico nur noch Zinn, Zink und irgendwelche minderwertigen Metalle gewonnen, die Stadt ist eher geschrumpft als gewachsen und galt im 19. Jh. als völlig verarmt.
Potosí liegt – ähnlich wie La Paz – in einem Tal, das vom höchsten bis zum niedrigsten Punkt vielleicht einen Höhenunterschied von 400 m aufweist. Etwa 160.000 Einwohner leben hier, und es sind kaum Spuren von ausufernder Siedlungstätigkeit an den umliegenden Hängen zu beobachten, sprich sie wächst nicht sonderlich, da die Einkommensquellen limitiert sind. Landwirtschaft ist auf dieser Höhe kaum zu betreiben. Seitlich erheben sich kahle, unbebaute Hügel, nochmal rund 3 bis 400 m von der Stadt aus. Bis auf den Cerro Rico. Der ist ein Vulkan und gut 800 m hoch. Womit sich erklärt, warum der Silberreichtum auf diesen einen Berg beschränkt ist.

Wir kamen also am Hostal an: eine einfache freundliche Rezeption, dahinter ein riesiger überdachter Innenhof und Treppen. Wir (sprich Gabriel) mussten die Koffer in den zweiten Stock schleppen, und dort ins hinterste Zimmer. Aber was für ein Zimmer! Ein Riesen-Raum mit großem Doppelbett, 2 Sofas, einem altmodischen Esstisch mit Stühlen drumherum (herrlich, hier kann man wenigstens sitzen und schreiben!), eine Spiegelkommode und darüber ein bald 4 m breites Panoramafenster, das – über die Dächer der Stadt hinweg – genau den Cerro Rico einrahmt. 
Kommode und Panoramafenster
Cómoda de la habitación ante el panorama

Wir konnten uns an dem Blick überhaupt nicht satt sehen. Morgens, mittags, am späten Nachmittag immer anderes Licht, immer ein neuer schöner Eindruck, nachts Beleuchtung – zig Fotos mit demselben Motiv. Hinter dem Tisch ein zweites großes Fenster, das in Richtung Hauptplatz und Kathedrale bergab über Dächer blickte, auch hier ein lohnender Ausblick. Und wenn das noch nicht reichte, konnte man eine Treppe nach oben auf das Hausdach steigen, auf ganzer Fläche zu einer riesigen Terrasse ausgebaut, von der aus der Blick in alle vier Himmelsrichtung schweifen kann. Das Zimmer war einfach ein Volltreffer und sollte eine Woche lang unser gemütliches Zuhause abgeben.

Potosí liegt auf über 4000 m Höhe, und ein erster Abendspaziergang – auch hier immer nur bergauf, bergab – hat uns schon ganz schön ins Schnaufen gebracht. Außerdem war es eisekalt. In dieser Höhe herrscht – genau wie in Uyuni – dieses Klima, das größere Temperaturunterschiede zwischen Tag und Nacht als zwischen Sommer und Winter bringt. 


Aber es war schon ganz besonders frisch. Wir zogen uns also recht bald ins gemütliche Zimmer zurück, setzten uns an den Tisch und tauchten ins Internet. Und – siehe da, die Heizkörper, die auf eine moderne Zentralheizung schließen liessen, glühten fast vor Wärme. Die Reiseführer über Bolivien warnen ja alle: in den Pensionen und Hotels in ganz Bolivien solle man nur nicht mit warmem Wasser oder etwa mit Heizung rechnen. Aber wir können das nicht bestätigen. Das warme Wasser funktioniert auch im allerschäbigsten Rucksack-Touristen-Hostel, und da wo Heizung nötig ist, funktioniert auch diese. Unserer Erfahrung nach funktionieren die Installationen sogar besser als in Argentinien, vielleicht, weil sie samt und sonders neuer sind.
In der Nacht schneite es. Vor dem Schein der Straßenlaterne sahen wir es sanft niederrieseln, die Dächer waren weiß. Aber am Morgen ist der Schnee in der Stadt verschwunden, nur der Cerro Rico bleibt bis etwa Mittag weiß bepudert und sieht einfach hinreißend aus.




Der erste Satz im „Lonely Planet“-Reiseführer lautet: „Potosí schockiert“. Dann werden Armut der Bergarbeiter, die sozialen Gegensätze und die Misere der Kinderarbeit in den Minen aufgeführt. Was sicherlich den Tatsachen entspricht. Aber um schockiert zu sein, müsste man die Misere 

sehen. Und wenn man die sucht, findet man sie natürlich in jeder Stadt – nicht nur in Bolivien. Ich bin überzeugt, dass die Lebensbedingungen der Kinder im Millionen-Moloch „El Alto“ heftiger sind, als hier.  Die Touri-Agenturen bieten Touren in arbeitende Minen an, dort sieht man sicher vorsintflutliche Arbeitsbedingungen. Aber wenn man nicht dort einfährt, machen die sozialen Verhältnisse keinen anderen Eindruck als in allen anderen bolivianischen Städten. Was man dagegen in Potosí sieht ist die schönste und am vollständigsten erhaltene Kolonialstadt, die wir auf dieser Reise zu Gesicht bekommen haben. Und da die grossen Kolonialpaläste fast ausschliesslich für öffentliche Zwecke genutzt werden, ist die Innenstadt voller Schulen, Gymnasien, Lehrerkollegs, Fachhochschulen etc. Was einem ermöglicht, in die Gebäude reinzugehen und die schönen Innenhöfe anzusehen.

 
Mittags und nochmal am späten Nachmittag füllen sich die Strassen mit so vielen Schulkindern und Oberschülern, dass man denkt, es gäbe überhaupt keine Einwohner über 20 – ausser den Müttern und Vätern, die die Allerkleinsten abholen.




Wir sind ohnehin verblüfft: zum einen sehen wir hier in Bolivien kaum noch Familien mit 3-8 Kindern (wie das in Peru noch die Regel war), zum anderen sieht man sehr viele Väter mit Säuglingen oder kleinen Kindern auf dem Arm, was ich aus Peru auch nicht erinnere. Dort waren die Kinder Frauensache. Es stiegen Mamis mit 5 Kids in den Bus (die alle nicht bezahlten, aber auch keinen Sitzplatz beanspruchen durften) und früher oder später landeten 1-2 Indio-Kinder auf deinem Schoss, da sie nicht alle auf den ihrer Mutter passten. Na – das war jetzt ein Exkurs, denn in der Art haben wir hier in Bolivien nichts erlebt; hier ist es fast normal, dass Familien nur 1 oder 2 Kinder haben.
Kurzum, der dominante Eindruck von Potosí ist Gelache und Geschnatter von Kindern und Jugendlichen und insgesamt sehr viel mehr Fröhlichkeit als in La Paz oder den Orten des Altiplanos. Dort waren sehr viel mehr Landbewohner in ihren Trachten zu sehen, die ernst und gegenüber Fremden abweisend sind, hier dagegen ist die Arbeiter-Tradition stark, wenig Trachten und irgendwie eine offenere und lockere Atmosphäre.

 
Wie das nun wirklich mit der Kinderarbeit ist? So richtig ist das nicht rauszubekommen. In der Verfassung wurde der Verbotsparagraf von der Evo-Regierung herausgenommen und stattdessen das Verbot der Ausbeutung von Kindern eingesetzt. Das gibt grade den Betroffenen mehr Sicherheit, denn vorher konnte man keine brutale Behandlung anzeigen, weil ja die Kinderarbeit an sich schon verboten war. Die Reiseführer berichten, dass – egal ob legal oder illegal – das Mithelfen der Kinder für das Familieneinkommen unersetzlich und deshalb geduldet ist. Aber die Zahl von 1 Million arbeitender Kinder in Bolivien scheint mir sehr hoch gegriffen. Sie taucht in einem Artikel von Spiegel-online (vom 2.12.2012) auf, der über die Kindergewerkschaft berichtet (die aber nur 850 Mitglieder hat).  Und auf Basis der neuen Verfassung werden offenbar derzeit neue Gesetze ausgearbeitet, nach denen geregelt sein wird, wie viel Arbeit Kindern welchen Alters zumutbar ist und wie Kinderarbeit so organisiert werden kann, dass sie mit Schule vereinbar ist. 

"Jeder Jugendliche, Junge, Maedchen hat das Recht auf Schutz in der Arbeit"
Die Reiseführer sind in vielem veraltet. Wie wissen ja, wie man das macht. Die Infos über Hotels und Restaurants werden von Auflage zu Auflage überarbeitet, aber der Text bleibt stehen. Touris, die die Minen von Potosí besucht haben, berichten uns von 15- oder 16-Jährigen, die dort arbeiten, aber die 8 oder 10-Jährigen, die vor 10 Jahren noch in die engen Tunnel kriechen und Dynamit legen mussten, sind offenbar nicht mehr dabei. Was wir schon sehen, sind Kinder in Schuluniform, die nach der Schule oder in der Mittagspause irgendwo arbeiten. Sie sitzen im Laden und verkaufen, sitzen neben der Mutter am Marktstand, machen ihre Schulaufgaben und werden geschickt, um irgendwas zu holen, sie verkaufen Zeitungen oder Kaugummi. Aber wir sind überzeugt, dass sie heutzutage fast alle in die Schule gehen, egal wo sie wohnen und wie arm sie sind.


Neben Kindern und Kolonialbauten ist es ohne Zweifel der Cerro Rico, der Potosí prägt. Von aussen sieht er harmlos und farbenfroh aus, eine harmonische imponente Form. Ein berühmtes Bild (das wir nicht fotografieren durften, aber natürlich doch fotografiert haben) zeigt den Berg als eine Kreuzung aus Jungfrau Maria und Pachamama – die Mutter Erde, die den göttlichen Segen hat, den man auch – angesichts des gefährlichen Geschäftes – braucht. Gefährlich ist der Bergbau deshalb, weil es keinerlei Pläne darüber gibt, wo schon überall Stollen verlaufen. Nachdem der Silberabbau im 19. Jh. ganz zum Erliegen gekommen war, sind die meisten Unterlagen verschwunden, es gab eine Phase des wilden Abbaus durch den, der wollte und eine Privatisierung des Berges, 1985 wurde er insgesamt verstaatlicht und heute ist der Berg in Sektoren unter zahlreichen Cooperativen aufgeteilt. Diese buddeln, so gut sie können, und niemand weiss genau, wie viele Gänge es gibt und wo sie verlaufen (man vermutet, dass es bis zu 5000 sind). Es wird jedenfalls fröhlich weitergesprengt. Und es soll schon mancher Stollen eingekracht sein. Im Markt am Fuss des Berges kann jeder, der will, Dynamit stangeweise erwerben, aber ich fürchte, man würde sie uns am Flughafen beschlagnahmen. Schade, ich hätte gute Verwendung dafür! Irgendwann wurde wohl auch mal diskutiert, den gesamten Berg von oben an abzutragen. Es wäre billiger und weitaus ungefährlicher, als ihn weiterhin wie einen Schweizer Käse zu durchlöchern, aber die Alternative wurde verworfen, niemand wollte auf die dominante Landmarke verzichten.

So weit zum Berg. Was man noch sieht in dieser Stadt, das sind die Kirchen. Über 30 Kirchen aus der Kolonialzeit sind erhalten, die meisten aus dem 17. Jh. mit Dekorationen im sog. Mestizenstil, d.h. ausgeführt von Indios, die ihre Ästhetik in die christlich-religiöse Ikonographie einbrachten. Altstadt und Kirchen gehören zum UNESCO-Weltkulturerbe, was der Stadt sicherlich eine Menge Touristen bringt. Die Reiseführer bejammern, dass die koloniale Pracht verfalle und dass ob der Armut der Stadt leider kein Denken daran sei, alle Kirchen zu retten. Aber auch das müssen Informationen von anno dazumal sein. Alle Kirchen, die wir gesehen haben, waren (bis auf 2) in tip-top-Zustand. Und wir haben viele gesehen, sicher 20, denn wir waren in der Karwoche in Potosí, und da kann man kaum etwas anderes machen, als Kirchen besichtigen. Und Klöster. Einige der Kirchen sind um-genutzt, als Hörsäle oder – so die zweite Kirche am Hauptplatz, direkt neben der Kathedrale – als städtisches Theater. Sehr elegant!
Mestizenkunst am Kirchenportal
Barroco mestizo en el pórtico de S. Lorenzo

Geflochtene Palmzweige werden fuer ein paar Pfennige verkauft
Ja, die Karwoche. Wir haben in unserer Unschuld in der Touri-Information (moderner Anbau an die Reste der Jesuitenkirche) gefragt, ob es denn Prozessionen gebe. Welch überflüssige Frage. Ab Mittwoch hört man ganztägig nichts anderes mehr als trommelnde und trompetende Musikkapellen, mal von Schülern, mal von Militärs, mal mehr, mal weniger falsch, teils beim Üben, teils beim Einsatz. In den Prozessionen ziehen überwiegend Schulkinder mit, in Schuluniformen, sicherlich zwangsverpflichtet, im Gleichschritt, aber auch voll ihrer Würde bewusst.
Am Spektakulärsten ist die Mittwoch-Abend Prozession, im Stil Kastiliens, ernst und mit Ku-Klux-Clan-Verkleidung, länger als ein Karnevalszug und ähnlich bunt. In der Dunkelheit kommen die modernen Errungenschaften gut zum Einsatz: man trägt keine Fackeln oder ewig ausgehende Kerzen mehr, sondern LEDs.

Es gibt auch eine Kinderprozession, in der nur Mädchen mitgehen – vielleicht ist es eine ganze Mädchenschule. Jedenfalls wird da die Passion eindrucksvoll nachgestellt, und ein kleiner Mädchen-Christus schleppt sein Kreuz und wird von erbarmungslosen Mädchen-Römern vorwärts gepeitscht.

Die Maedchen-Prozession
Das Getrommel geht übrigens auch nach Ostern weiter, denn am Ostermontag ist der weiss-ich-wievielteste Gründungstag von Potosí, ein weiterer Anlass für endlose Umzüge und Strassensperrungen, aber da verlassen wir dann schon den gastlichen Ort.











Um unsere gemütlichen Tage in Potosí mit etwas „Pflicht“ zu füllen, besuchen wir täglich ein Museum o.Ä. Auch das sind überwiegend Kirchen bzw. Klöster. Die Führung durchs Kloster San Francisco schliesst das Erklimmen des Kirchendaches von aussen ein, was allein das Ertragen der Führung wert ist.


Auf den Daechern von San Francisco

An einem anderen Tag besichtigen wir das Kloster Sta. Teresa, das mit viel (ich glaube deutschem) Geld restauriert wurde und das vor Schätzen nur so strotzt.  

Im Kloster Sta. Teresa: Hier ist alles Gold was glänzt!
Oro puro en el convento de las carmelitas



Am Gründonnerstag ist unser täglicher Kulturevent ein gigantischer Kirchentripp. Denn an diesem Tag sind alle Kirchen offen, geschmückt und können die ganze Nacht lang besucht werden (daher unsere so umfassende Information über den Zustand all dieser Kirchen). An den Eingängen werden Palmzweige verkauft, und drinnen fanden wir in fast allen Kirchen einen Gottesdienst (offenbar am laufenden Band ...). Wirklich gründlich, was die Missionare hier an Katholizismus gesät haben. Sie waren so gruendlich, dass sich noch heute gut 20 Kirchen mit Gläubigen füllen, Menschen, die eigentlich und mit gutem Grund an ihre Pachamama glauben, sich aber zusätzlich die gesamte Moral aufladen, die einem mit der Verkündigung des Schicksals eines Palästinensers eingetrichtert wird. 

Der Cerro Rico als Jungfrau und als Pachamama gleichzeitig
El Cerro Rico como Virgen y Pachamama al mismo tiempo
Unser religiös dominierter Kulturtrip endet am Ostersamstag etwas weltlicher mit dem Besuch der „Casa de la Moneda“, der alten spanischen Münzprägeanstalt, die logischerweise dort angesiedelt ist, wo das Rohmaterial für die Münzen gewonnen wurde.  Der einen ganzen Häuserblock einnehmende Gebäudekomplex ist als Kolonialmuseum ausgebaut und zeigt von einer Gemäldesammlung bis zu archäologischen Funden alles, was hier an Schätzen zusammengetragen wurde. Das Museum gilt als Muss für jeden Potosí-Besucher, und so werden an diesem Feiertag mehrere Herden von Besuchern durch die Räume geleitet, während wir in allen anderen Museen in der Regel fast alleine sind. 

Wirklich informativ sind die Räume, in denen gezeigt wird, wie das Silber zu Münzen verarbeitet wurde. Es gab eine Menge Schmelzöfen, und aus dem geschmolzenen Silber wurden Silberplatten gegossen. Um diese, noch warm, in die gewünschte Stärke zu pressen, gab es riesige Holzmechanismen, die aus Europa importiert waren und uns stark an den Pferdegöpel aus dem Erzgebirge erinnerten. Auch hier zogen 4 Maultiere eine starke Holzachse im Kreis, die durch mehrere Übersetzungen via Zahnräder im Stockwerk drüber vier im Karree angeordnete Walzwerke antreibt, wobei der Abstand der aufeinandertreffenden Walzen von der ersten bis zur vierten immer enger wird. 


Die Silberplatten wurden offenbar per Hand nacheinender durch die vier Walzen gepresst, und nach der vierten hatten sie die gewünschte Dicke bzw. Dünne. Danach wurden aus diesen Platten Münzen gestanzt und mit dem entsprechenden Siegel versehen.
Wir waren fast eine Woche in Potosí, und die Stadt ist die schönste, die wir bislang gesehen haben. Aber angesichts der abendlichen Kälte, der Gemütlichkeit unseres Zimmers und der Situation in der Karwoche war es auch eine relativ sterile Woche. Fast überall haben wir Leute kennen gelernt, uns in irgendeiner Weise persönlich verbunden gefühlt. Hier fühlten wir uns weitgehend anonym, 2 Gäste mehr in einer formal sehr angenehmen Pension, in einigen sehr „globalisierten“ Cafés und Restaurants. Immerhin haben wir am letzten Tag nach einen Ausflug gemacht, auf dem wir auch mit anderen Leuten in Kontakt kamen, aber dazu mehr im nächsten Blog.

Da hat es doch wirklich jemand geschafft, Ostereier und Goldhasis auf den bolivianischen Markt zu werfen!
Por fin los potosinos podrán disfrutar de los huevos de pascua y de las liebres que los esconden!