23. Dezember 2012

Überall Wasser / Los tres días del agua




Moconá e Iguazú
Por fin, un día tuvimos que decidirnos a abandonar nuestro cómodo y limpio nido de Posadas y emprender una excursión a las tan cacareadas maravillas del mundo, patrimonio de „toooda“ la humanidad, como decía el de Colonia del Sacramento. (Lo que no me explico es por qué, si son patrimonio de todos, los extranjeros tenemos que pagar más que los oriundos. Al fin y al cabo venimos de mucho mucho más lejos y ya nos vamos dejando la pasta por las pomporrutas imperiales).
Tanto Moconá como Iguazú son maravillas naturales situadas en suelo argentino; pero desde donde mejor se ven es desde el balcón de la orilla brasileña. La pelea y rivalidad entre ambos países por ambas cataratas tiene tintes tan ridículos como aquellas pugnas de la guerra fría entre Berlín del Este y del Oeste. Estas cataratas son mías, pero se ven mejor desde mi orilla, que sí, que no, que mierda para los dos!
Dejamos las maletas en Posadas y nos fuimos de viaje en autobús sólo con dos mochilas
Primero Moconá. Imposible acordarme de decir correctamente ese nombre guaraní que significa algo así como „El Tragón“, hasta que Sabine me confiesa que ella recurre a „moco“ y „na“(riz) y, desde entonces, no fallo ni una.



Las cataratas de Moconá están, convertidas y preservadas como parque natural, a 70 km del núcleo urbano más próximo, un pueblo que tiene el inconcebible nombre de El Soberbio, junto al río Uruguay, en la frontera con Brasil (del lado brasileño, Porto Soberbo). En toda la región se habla portuñol. 
 
El río Uruguay entre El Soberbio y Porto Soberbo


El Soberbio es una población relativamente nueva que por lo visto tomó su nombre de las increíbles crecidas del río. Es un centro comarcal con supermercados, restaurantes, comercios y hoteles con más lugareños que turistas, los cuales, a no ser como nosotros, van y vienen en autobús y ni se apean en la población, o viven en los lodges y resorts de los alrededores. Nos alojamos en el establecimiento de una brasileña, doña Ivanhilda, limpio y en orden. 

 
Aspectos de la vida cotiana en El Soberbio / Alltag in "der Hochmuetige"

Para ir a las cataratas no había autobús hasta el día siguiente a las 8 de la mañana.
A las seis nos despertaron los tambores de gotarrones sueltos en el tejado y al poco tiempo la lluvia formó una piscina en el jardín que casi entraba en la habitación. 
Arriesgados como somos, ni nos planteamos cambiar de planes; salimos del hotel, nos compramos un paraguas en la tienda de al lado (serviría también de sombrilla, pensamos, intentando sacar rentabilidad al gasto) y nos fuimos a esperar a la micro, que era una furgoneta que llevaba a los empleados del parque y a los turistas audaces por el módico precio de 70 AR$ ida y vuelta por persona. La carretera, buenísima y recién asfaltada, está llena de carteles avisando „cuide la naturaleza, señor turista; o „no deje desperdicios, señor turista“ que van resultando un poco cargantes. De acuerdo, los turistas somos depredadores, pero los nativos tampoco sacan brillo a las hojas de los árboles, y desde luego, parece que no recogen de los turismas más que el dinero que dejan, nunca la basura.
Puente / Furt auf dem Weg nach Moconá
Para entrar en el parque nacional de Moconá hay que atravesar un arroyo, el Pepirí, por un puente tan angosto y primitivo que, en cuanto caen dos gotas, se desborda e impide el paso de vehículos. 
Un obstáculo incomprensiblemente insalvable depués de 70 km de buena carretera. Como la lluvia acababa de empezar, el puente aún era practicable. Desde el puente hasta el Centro de Interpretación hay un par de kilómetros.
En el centro de interpretación hay que pagar entrada al Parque Nacional (30 AR$ por persona). Allí un sujeto con uniforme te lleva junto a una gran fotografía de las cataratas y empieza a soltar con un puntero sus rutinarios tecnicismos mirando de reojo a la tertulia de colegas que matean y charlan. Fuera llueve, llueve y llueve. No se puede ir por los senderos porque es peligroso „que caigan ramas“, ni asumiendo la propia responsabilidad. No se puede bajar al río porque los conductores de los „gomones“ (lanchas de goma) aún no han bajado a causa del temporal, no se puede hacer nada más que esperar y, eso sí, pagar la entrada completa. 
Si queremos alquilar un impermeable (talla M, no hay otra) hay que pagar 10 AR$ por persona más. Con este trato de turista masificado a pesar de que sómos nosotros dos solos, se va creando una atmósfera espesa entre los guardias del parque y los visitantes. Llegan 3 turistas más (una pareja germano-argentina y el hermano de ella) y, media hora después, nos bajan a los cinco en la furgoneta hasta el río Uruguay bajo un chaparrón de órdago. El suelo es un barrizal rojo y resbaladizo. 




Allí está la lancha. Hay que pagar 70 AR$ húmedos por persona para ir los 20 minutos de paseo. Este goteo de pesos argentinos cada vez que se da un paso puede amargarme la excursión, así que decido sumarlo todo y, bueno, tampoco es tanto (contando viaje y hotel sale a unos 50 € por persona, pero tan dosificado y privatizado, no se puede eludir la impresión de estar en un torniquete turístico). Menos mal que salva la situación el conductor de la lancha, un tipo comunicativo y perfecto conocedor de su oficio, a pesar de su aspecto de intrépido expedicionario a lo Quadra-Salcedo.

El viaje de 20 minutos es una experiencia quasi descomunal, como montarse en la montaña rusa sin  atarse. La seguridad del conductor da confianza, pero mis manos se aferran como garfios a las asas del gomón. La cascada de Moconá son 3 km de logitud en los que el río se cae sobre su propia corriente porque el cauce está partido por una falla a lo largo. Con la lancha se llega en diversos puntos a tocar el agua, que está asombrosamente caliente, a unos 28º. Volvemos satisfechos y emprendemos el viaje de regreso. Ya no hay que pagar más. De vuelta tenemos un pinchazo junto a un pastizal de vacas.














Como en El Soberbio hay poco que hacer, después de comer algo en un restaurante junto al río, decidimos no quedarnos allí otra noche y salir hacia Iguazú. Ha dejado de llover y el sol calienta de modo insorportable desde detrás de las nubes.
En algún sitio nos han dicho que hay un autobús directo a Puerto Iguazú y decidimos tomarlo. Cuando queremos buscar la parada, nadie sabe decirnos a ciencia cierta ni dónde ni a qué hora. „Entre las cuatro y las cinco, cerca del centro“ (el centro es un mástil de bandera de tamaño "Gallardona-en-Colón", pero sin pendón y situado en un redondel de césped en medio del amplio cruce de carreteras). Nos situamos en las dos sombras más cercanas, a unos 50 m del cruce, uno en cada esquina de la escuadra. A mí me toca junto a un escaparate de tienda de recuerdos y a Sabine al lado de un kiosko de choripán y churrascos que suelta un olor, calor y humo insoportables. Nadie, ni kiosqueros ni camareros ni dependientes ni ociosos saben concretarnos más la hora ni el lugar, parece que nunca han visto pasar la micro, aunque todos dicen que sí, que "creen" que existe. Como se han dado cuenta de nuestra estrategia (yo llamo a Sabine cuando veo que se acerca un vehículo por la calle y ella viene al trote, pero después tiene que regresar a su puesto porque la alarma era falsa; ella me llama después con un silbido y pasa lo mismo conmigo) y la siguen faltos de mejor diversión, voy cabreándome hasta que le digo al dependiente que en vez de mirar, se informe o le diga al intendente (= alcalde) del pueblo que ponga una señal de parada de autobús; al fin y al cabo, El Soberbio pretende es ser un centro turístico. Por fín Sabine me hace una señal y me voy allí corriendo. El autobús que llega es una tartana que no va a Iguazú, sino sólo a San Vicente. Como el calor es inaguantable, decidimos montarnos y pensar después qué hacemos. 
En el mapa vemos que estamos en un desvío a 80 km de la ruta 14; San Vicente queda en esa ruta. Ese autobús, por lo tanto, nos acerca a Iguazú de alguna manera y, ya con esta certidumbre, sentado en mi asiento a la sombra, con el runrrún del motor y el aire caliente que entra por las ventanillas abiertas, caigo en trance.

 Me despierto poco antes de llegar. En la radio suena una música amerengada en brasileño, la luz de la tarde, sin una sola nube, taladra el espacio, las cortinas verdes tienen el mismo color esmeralda que los pastos del campo brillantes de lluvia. La vida es bella.

 El conductor y el cobrador son dos mozos jóvenes y en los dos primeros asientos viajan tres mozas que constantemente cacarean y rien. De repente se oye un ruido (troc-troc) como si se le hubieran caído los bajos al vehículo. Parada. Chofer y cobrador se bajan, miran, se vuelven a subir y arrancan. Entonces pregunto desde mi sitio en voz alta: „--Y qué era?“ y el conductor responde volviendo la cabeza: „--una piedra... en el camino“. Risas generales. Todo tiene una alegría de película costumbrista en tecnicolor.
En la estación de San Vicente tomamos otro autobús hasta Dos de Mayo, en el que vamos solos. El conductor nos ofrece pararnos en un hotel que él conoce, pero, temerosos de ir a tientas, le decimos que nos lleve hasta la estación de autobuses y desde allí nos organizaremos. Dos de Mayo es uno de los pueblos más bonitos de Misiones, por lo menos desde el autobús y a la hora del crepúsculo. El hotel que nos recomienda el conductor es realmente bonito y en la calle hay restaurantes, gente, comercios, algarabía. Cuando ya casi hemos decidido quedarnos, en la estación de autobuses, la niña con cara de lista que atiende la taquilla, nos dice que en 10 minutos llegará la micro que va de Moconá a Iguazú, y cuando aún no hemos reaccionado, nos avisa de que ya está allí, así que nos montamos y nos vamos. Llegamos a Iguazú a las 9 de la noche.






Iguazú
Puerto Igauzú es como un Lloret de Mar en la Selva. Restaurantes, kioskos de recuerdos y de empanadas y chipas, tiendas, oficinas de excursiones, agencias de viaje, terrazas con cantantes de tango, taxistas y turistas. Cada 50 metros se acerca alguien y te pregunta si quieres ayuda, pero en realidad lo que pretende es alquilarte un apartamento o llevarte a un hotel. Por fín nos alojamos en un hostel un poco apartado pero con buen aspecto y piscina.
Orientarse en el maremagnun de visitas y promociones turísticas no es fácil. El paquete básico de las agencias consiste en salir en autobús a las 7 de la mañana y visitar primero la presa de Itaipú, en Paraguay, que si no la mayor del mundo, es la que más energía produce. (Quién quiere visitar una presa mayor del mundo construída en medio de un parque natural, oir las explicaciones oficiales y no acceder a los pantanales de la corrupción ocultos? Cuando escribo esto, en Asunción, hay peligro de apogones a causa del deficiente suministro de la tal presa). Luego te llevan a ver las cataratas desde el lado de Brasil. A continuación se llega lo del „narcotráfico de aparatos“ en Ciudad del Este (Paraguay),donde se puede comprar de todo y se puede traer legalmente todo lo que quepa en 150 US$ (lo demás que lo pasan los vendedores --„ellos saben hacerlo“-- hasta el hotel ó residencia). En último lugar se ven las cataratas desde el lado argentino y se vuelve a casa a las 7 de la tarde. Todo por 270 AR$... menos las entradas. Hay también variantes de turismo aventura en catamarán por el río, de las que ni pedimos informes. Tiene que existir una posibilidad de ir a los balcones sin tener que pagar los servicios de una agencia.

Decidimos manejarnos por nuestra cuenta, porque ni la represa de Itaipú ni Ciudad del Este nos interesan lo más mínimo. Para aventuras tenemos muy reciente la de Moconá.
En el hostel predomina el turismo nacional, algún norteamericano, una pareja de lesbianitas de Pamplona y nosotros. Todos han venido hasta aquí desde la metrópolis volando o en auto particular, pero directamente. Los argentinos son mayormente de Mar del Plata y se muestran algo decepcionados con el aspecto poco urbano de Puerto Iguazú. Es gente que viaja con el dinero justo. Una chica de Buenos Aires (Flores), por ejemplo, llega a desayunar furiosa porque ayer tomó la micro para ir a ver la ciudad brasilera de Porto Iguassú y el conductor le dijo que salía de vuelta a las 8, pero sin avisarle de que era hora argentina (Brasil tiene una hora menos) y perdió el transporte; tuvo que tomar un taxi y arrostrar los peligros y el miedo („imagináte que el taxi se mete por un camino de la selva y achá te hase violar, o matar o...“) menos mal que el taxista era honrado y la trajo directa hasta el hostel. Después de desayunar va a ir a la estación a llamar al conductor „hijo de su madre“. Ahora no podrá ir a San Ignacio, porque el taxi le costó el precio de la excursión (Resulta que la gente va de excursión desde Iguazú a la Misión de San Ignacio Mini, distante a más de 300 km al sur y casi cinco horas de viaje!!). Compadezco al taxista: la chica (unos 40 tacos) tiene una energía temible. El chico de Mar del Plata (la misma edad, más o menos) es más callado. Está cabreado: sólo un día después de nosotros llegó al puente del Pepirí, a 2 km de Moconá, y tuvo que volverse porque no pudo atravesarlo. Perdió el viaje. Nos pide detalles concretos de cómo ir a las cataratas y qué hay que ver (nosotros ya hemos ído al lado de Brasil) y, cuando le preguntamos cómo es Ciudad del Este (Paraguay), cómo son los precios, sólo emite una palabra: FEO.
El primer día nos vamos al lado de Brasil en Autobús (los brasileños tienen un gran sentido práctico: no hace falta pasar su frontera) y vemos una fabulosa panorámica de los cinco o seis kilómetros de cataratas por una senda en la que hay algun animal (coatís), mariposas que se posan en las manos, lagartos, muchísimos escolares corriendo y gritando, grupos de excursionistas alborozados y grupos de japoneses serios, inescrutables. En total 60 AR$ + 82 reales, pero pagaderos con VISA.
El segundo día llegó a Iguazú la tormenta de Moconá, u otra igual. Empezó a diluviar por la noche y no cesó hasta el mediodía del día siguiente.

Cuando escampó un poco, por la tarde, tomamos un autobús (60 $) hasta el Parque Nacional (a unos 20 km del pueblo), pagamos la entrada 130 AR$ a tocateja (yo no sé que contubernio tiene el turismo argentino con los bancos, que no admite pagos con VISA; como en los cajeros no permiten a los extranjeros sacar más de 1000 pesos, resulta que, con las entradas, el ganster de Botín se lleva  un ídem de casi 30 AR$, o sea 5 €!!. El cabreo está a punto de estropearme el día y el disfrute.

Somos poquísima gente, como nos hemos comprado impermeables de urgencia (30 $) ha dejado de llover y como ha llovido tanto, no se pueden visitar ni la parte baja del parque ni pasar a las isla en catamarán gratuito (8 minutos) a ver animales exóticos, así que, aunque pagamos de nuevo toda la entrada vuelven a darnos solo media ración.
Las magnificencia de las cataratas es inconmesurable.
Los caminos y pasarelas, el trayecto en tren, la naturaleza, realmente apabullantes.

A un extremo de las cataratas se ve la corona blanca del hotel Sheraton sacándole la lengua al parte natural y a la madre que lo parió; en cada salto hay un ripio infernal de un tal Alfonso Ricciutto que puede estropear el disfrute estético de cualquiera que tenga la debilidad de detenerse a leerlos,
 y no faltan los correspondientes carteles pedagógicos echando subliminarmente la culpa al vecino: „El color de las aguas“: „Si las aguas bajan rojas es porque las selvas han sido taladas y las aguas de los ríos arrastran la tierra disuelta y destruyen...“ Naturalmente, las selvas se talan en Brasil. Los argentinos solo se quejan del color de las aguas.

Moconá und Iguazú

Mit leichtem Gepäck haben wir uns von Posadas aus zu den Wasserfällen im Norden der Region „Misiones“ aufgemacht. Der Tourist mit wenig Zeit fährt oder fliegt nonstop nach Iguazú. Wir wollten es ja gemächlicher machen. Zuerst ging es wieder an die brasilianische Grenze, an den Grenzfluss Río Uruguay, der dort, in einem wenig erschlossenen Gebiet eine ungewöhnliche Verwerfung aus hartem Basaltgestein aufweist, die dazu führt, dass der Fluss 3 km lange, zwar nicht sehr hohe, aber ungewöhnlicherweise in Fließrichtung verlaufende Wasserfälle bildet. Bei sehr hohem Wasserstand verschwinden sie. 

Explicaciones sobre el fenómenon de las cataratas / Erlaeuterungen ueber das Zustandekommen des in Fliessrichtung verlaufenden Wasserfalls

Die nächste Ortschaft liegt noch ca. 70 km südlich, El Soberbio, der Hochmütige – ein ulkiger Ortsname für ein lebendiges kleines regionales Zentrum. 
Río Uruguay in "El Soberbio"


Hier haben wir die erste Nacht verbacht, und in dieser fing die Unwetterphase an, die die nächsten 4 Tage dauern sollte. Gabriel hat uns einen Schirm gekauft, und dann gings um 8 Uhr morgens los, zuerst 70 km mit dem Bus. Im Naturparkzentrum von Moconá saßen wir dann im Regen. Immerhin gabs Kaffee. Ein deutsches Paar aus Frankfurt, mit dem offenbar ortsansässigen ausgewanderten Bruder der Frau waren die einzigen Besucher außer uns. Das Gewitter wurde dichter statt nachzulassen. Der umliegende Urwald war „geschlossen“, es könnten Zweige auf uns fallen. Eintrittspreis musste man trotzdem zahlen. Auch für ein paar geliehene gelbe Regenmäntel. Schließlich gab es ein Signal, wir könnten an den Fluss runter. Triefend. Mehr Regen. In einer Gewitterpause sollte es dann losgehen, im Schlauchboot bis ran an die Wasserfälle. (Erst natürlich bezahlen!) Die Kamera in der Plastiktüte. Sonst war alles nass. Egal ob Regen oder nicht. Man musste sich kräftig festhalten, das Boot sprang wild und hielt von Zeit zu Zeit in ruhigen Gumpen unterhalb des Wasserfalls, der wie heißes Wasser in der Badewanne eine riesige Warmwasser-Gischtwolke um sich verbreitete. Eine aufregende Fahrt mit viel Seegang, wir waren wenige und sehr nah dran.




Hinter uns wurde das Ganze dann wohl für einige Tage gesperrt, wie wir später von einem Reisenden hörten, der nach Moconá gefahren war, aber 20 km vorher gestoppt und zurückgeschickt wurde. Trotz des weiten Weges und des großen Aufwandes waren wir froh, dort gewesen zu sein, selbst, als unser Kleinbus auf der Rückfahrt nach „El Soberbio“ dann auch noch eine Reifenpanne hatte. Wir waren trotzdem gegen 14 Uhr zurück im Ort, wieder bei brüllender Sonne!

Dem Hörensagen nach gab es die Möglichkeit, noch am selben Tag von Moconá nach Iguazú (350 km) zu fahren. Aber bei näherem Nachfragen widersprachen sich die Auskünfte. Der Bus fährt um 4, nein, um 5, er hält an dieser Ecke, nein, an jener, er fährt gar nicht …. Entnervt nahmen wir schließlich irgendeinen Bus ins nächste Kaff an der größeren Landstraße. Nein, auch dort heute nix mehr nach Iguazú, die Busse nach Iguazú fahren auf der Nationalstraße 12 (dies war die 14). Also noch ein Bus, unser vierter heute, noch ein Kaff weiter, bis Dos de Mayo. Und dort, Hokus-pokus, hieß es: in 5 Minuten kommt der Bus aus Moconá (kamen wir da nicht grade her?) und fährt weiter nach Iguazú.



So kamen wir noch am selben Abend, gar nicht sooo spät, im Hyper-Touristenzentrum Südamerikas schlechthin an, einem Ort, der nur aus Hotels und Hostels und Restaurants und Reiseagenturen besteht. Wir mittendrin. Und um uns herum ein Wolkenbruch nach dem anderen, Temperaturen, die in kürzester Zeit zwischen 20 und 40 Grad hin- und hersausen, fast 100% Luftfeuchtigkeit, peitschende Gewitterstürme, die Äste und Bäume ausreißen, ein Regenstrom, der sich durch den Hostel-Garten wälzt, wie es scheint, haben sich Wasser und Himmel vermischt, man kann sich nicht vorstellen, je wieder das Haus verlassen zu können. 

Im Hostel: Der Regen hat das Wasser des Schwimmbads vollstaendig ausgetauscht, ich schwimme in Regenwasser.

Aber nach wenigen Stunden ist wieder Ruhe. Am nächsten Tag haben wir die berühmten Wasserfälle von der brasilianischen Seite aus besichtigt, am darauf folgenden von der argentinischen. 

Wie alle Weltwunder, hat man die Fälle schon auf 1000 Fotos gesehen, und sie sind dann doch toll und eindrucksvoll, wenn man selber dort steht. Es wallet und siedet und brauset und zischt – kann ich da nur Schillers Glocke zitieren, ein ungeheueres Sinneserlebnis, man ist bis auf die Haut nass, es sind 40 Grad, es donnert, es wirbelt, dabei trieft auch noch die Nase, die so viel warm und kalt und nass und air conditioning und raus und rein irgendwann übel nimmt – na, es ist wirklich ein Rundum-Eindruck, man verzeiht, dass man bei jedem Schritt geschröpft wird, dass einem die Natur dosiert und abgepackt verabreicht wird, es ist einfach nur toll. 

Wie heisst wohl dieser Schmetterling? / Como se llamará esta mariposa? (Antwort /Respuesta: 88)

Urwald-Elster / Urraca de la selva
Iguana / Leguan

Und dann ist es auch wieder für die nächsten 50 Jahre genug. Wir fahren zufrieden zurück nach Posadas, wo uns unsere schon lieb gewordenen Gastleute erwarten, können dort trocknen und Wäsche waschen, unsere Erlebnisse erzählen, internetten und uns für das nächste Kapitel bereit machen. Aber irgendwann muss man auch die nettesten Gastgeber verlassen. Danke Juanca, Norma und Matías für Eure Gastfreundschaft, wir werden Euch, die Hunde, die Papageien, den wunderbaren Blick von Eurer Terrasse sehr vermissen!



17. Dezember 2012

San Cosme y San Damian


Otra excursión a Paraguay  
Otro día nos fuimos espontáneamente a San Cosme y San Damián.
Entrar y salir de Argentina a Paraguay, y viceversa, es fácil si se tiene rutina. Al entrar al puente hay que pasar por una aduana y sellar el pasaporte, salir por otra puerta y tomar el mismo autobús que también ha adelantado terreno, atravesar el puente de 2 km y, al otro lado, hacer lo mismo en la otra aduana. Si se entra y no se sale, esto es, si se tiene un sello de menos y algún aduanero perspicaz lo descubre, el multazo es de unos 50 €. Nosotros nos saltamos una vez uno de estos pasos y tuvimos que volver a cruzar el puente, guardar la cola y regresar con el pasaporte sellado.
Ese día, para ir a las ruinas de San Cosme y San Damian, salimos tarde de Posadas porque queríamos enviarnos un paquete a Madrid con cosas que nos habíamos traído de más y que pesaban. Podríamos haberlas tirado, pero decidimos enviárnoslas. Fuimos a Correos, las metimos en una (débil) caja de cartón, la llevamos a la aduana para que la revisaran, se negaron a reforzarla, la precintaron y luego tuvimos que ponernos a la cola con todos los que iban a cobrar el subsidio de paro y las pensiones, porque era a primeros de mes (son „los clientes de Cristina“, dicen los de clase media, aludiendo al clientelismo que asegura los votos de Cristina Fernández de Kirchner).

Cola de "clientes de Cristina"
 Cuando nos tocó el turno resultó que en correos no admitían VISA, „aun no estamos tan adelantados“, se cachondeaba la funcionaria, y nosotros no llevábamos dinero suficiente encima: hubo que ir a comprar dinero a un banco con cajero, donde también había cola, y volver a repetir cola en correos, donde por fin pagamos los 400 AR$ y nos fuimos a derretirnos por la calle.
Hay remedios para aguantar los 40º a la sombra, como meterse en un café o en una tienda climatizados, o irse de viaje en autobús.
Como teníamos todavía la tercera pestaña de las misiones paraguayas sin picar, nos fuimos a Encarnación. Cuando uno se ha familiarizado con los trámites y colas aduaneras, si se sabe poner el codo para impedir colarse a las „paseras“ con sus bolsas de contrabando y se está atento a qué aduanero te toca, el viaje entre los centros de Posadas y de Encarnación no dura más de media hora. Antes de mediodía estábamos allí, pero hacia San Cosme no salían autobuses hasta las tres de la tarde, así que nos fuimos a dar una vuelta por el centro. Nos metimos en un restaurante de la plaza buscando la refrigeración y empezó a caerse cielo a chaparrones tan brutales que en 20 minutos las temperaturas bajaron 15 grados.


Entre las dos fotos hay 20 min y un chaparrón
Zwischen den 2 Fotos liegen 20 Min.und ein Wolkenbruch
Comimos ensaladas y zumos y, a la hora prevista nos montamos en el autobús de La Sancosmeña, rumbo a San Cosme y San Damián, a unos 90 km de distancia. Fue montarnos en el autobús y empezó de nuevo a derrumbarse el cielo. Una hora le costó al vehículo salir de la población, porque las calles se habían convertido en ríos de chocolate.
El autobús era estéticamente impecable, asientos rojos, cortinas verdes, desconchones pardos, manchas grises y un gran letrero al frente con versos bíblicos de Sofonías escrito a rotulador. La religiosidad de estas regiones misioneras es profunda y hondamente aprendida. (A la entrada de la ciudad hay un mural que dice „Y el Verbo se hizo carne“, como queriendo decir que entonces se fundó Encarnación).
 El Dios vaticano que trajeron los jesuítas y dominicos, fue sustituído por el que explicaban las sectas, los Santos de los últimos días, el reino de Jehová, la sagrada familia y qué sé yo cuántas más... Pero la gente no le dio la espalda, porque es creyente a ultranza. Y pobre. Mirando la riqueza del campo, me pregunto que papel tiene la religión en toda esta miseria social que denotan los viajeros: El pasajero de al lado se pasa todo el viaje metiendo CD's falsos en bolsas de plástico y forma paquetes como los que venden en los mercadillos y kioskos de Encarnación. No sólo él. Miro a los demás y me doy cuenta de que muchos de ellos son los mismos vendedores ambulantes de la estación, los niños que venden golosinas sueltas y ahora las miran con ganas de comérselas, vendedores de chipas con la mercancía enfriada, de refrescos („Gaasiosa-Aguaasiosa!“) metidos en un cubo, de alfajores de leche o de mate, de todo lo imaginable.

Cuando llegamos a un pueblo que se llama Coronel Bogado, una señora de nuestra edad se baja y saca del autobús una canasta llena de galletones envueltos en plástico y apretados, echa un vistazo y viene con un par de ellos a nuestra ventanilla. No, no queremos comprar.
El autobús de La Sancosmeña entra después en un desvío que nos conduce a nuestro destino. En las trochas que salen de la carretera se van bajando los vendedores, niños, jóvenes, adultos. Algunos se apean en caminos colorados que tienen letreros nuevos: Calle 7, Calle 6... Estamos en San Cosme y San Damián y parece que no hemos salido del campo.
No hay modo de orientarse. No se ve la plaza, pero entre la maleza de la selva vemos por lo menos dos gasolineras (qué tranquilidad) y a poco, otro cartel de „A las ruinas jesuíticas“. Aún recorremos un par de barrancos antes de que el autobús pare y el conductor y el cobrador nos digan donde están las ruinas. „Allí los atienden“. Para entonces ya nos hemos dado cuenta de que el regreso será poco menos que imposible en el día.

Las ruinas de esta misión jesuítica, la más distante y de más complicado acceso, son las mejores de todas las que hemos visto. Las casas están completas y en uso, la iglesia tiene su tejado completo y en ella un par de monjitas aleccionan de lo que sea a unas cuantas chavalas, los pabellones donde antes había hospitales, almacenes de cosecha, talleres y manofacturas hoy sirven para enseñar catequesis. Parece que en este pueblo sólo se aprende religión. Nos pasean por la misión tres guías. La primera, que parece la jefa, nos enseña el núcleo principal, Mientras recita su texto estira el cuello y mira a los mozos que pasan a caballo al otro extremo de la cuadra, mientras vigila que no hagamos fotos con flash (qué manía tienen con el flash en estos sitios en que los motivos a fotografiar están castigados por luces, velas e incienso!) nos muestra las maravillosas estaturas de santos talladas por artistas guaraníes, la policromía de colores mixtos que la guía no sabe o no quiere explicar: „tintes... vegetales... de plantas... de frutos“.




Tallas guaraníes del Museo Cosme y Damián


Me acuerdo del pintor que está embadurnando de horterez estilo „toscano“ las fachadas de la region de Steindorf en Austria y del negocio tan lucrativo que se ha montado. Aquí sólo se reza.
El segundo guía está dentro de la órbita espacial. Resulta que aquí llegó de jesuíta un tal P. Buenaventura Suárez, natural de Córdoba (Argentina) y se construyó él mismo astrolabios, telescopios y medidores para, en combinación con las constelaciones guaraníes, conformar un calendario de eclipses que fue publicado en Europa y adoptado en Upsala como texto. Nos hace demostraciones de un programa para reconocer estrellas „Stellarum“, que se puede bajar de internet y es absolutamente admirable.

Planetario / Planetarium
La tercera nos lleva a un planetario subvencionado por una ministra de cultura y nos muestra en la bovedilla las constelaciones del hemisferio sur, la similitud y diferencia con las constelaciones guaraníes y el modo de orientarse. Muy bonito, poético de verdad... salimos cuando la tortícolis empieza a dejarse sentir y, en una esfera armillar, la guía sigue haciendo sus demostraciones y proclamando que hay un nuevo signo zodiacal, el Ofiuco (la Serpiente), que retrasa todos los horóscopos diez o doce días. Ahora me explico porqué el mío no lo acierta nunca ningún periódico!.
A las siete de la tarde, ya casi de noche, empezamos a pensar en buscarnos un alojamiento. Lo encontramos en la Posada Doña Chinita y, mientras nos preparan y enfrían la habitación, nos vamos a comer al restaurante Stella Mary.
La hija del restaurante nos sirve lo que hay: un filete, ensalada de repollo y arroz blanco.
Stella Mary tiene 26 años, es maestra y trabajaba en Asunción hasta que „por cuestiones de salud“ tuvo que volverse a casa de sus padres. Ahora, ya repuesta, volverá a irse. Tiene una sonrisa luminosa y nos acompaña mientras cenamos. Se queja de la falta de espiritualidad de los jóvenes de hoy y de más cosas que ya no recuerdo. Su charla monjilera es simpática y al final acabamos „quitándonos“ unas fotos mutuamente. Ella nos la quita a nosotros con su máquina y nosotros a ella con la nuestra. Supongo que el verbo es traducción del guaraní.

Foto "quitada" a Stella Mary
Después de dar una vuelta nos vamos a nuestra habitación de Doña Chinita, que ya estaba impaciente. Si no queríamos sentarnos un rato con ellos a tomar el fresco en el jardín? Están el matrimonio y su hija de 23 años, recién licenciada en Nutrición por la Universidad Católica de Encarnación y ahora espera que le salga trabajo en San Cosme. También tienen un hijo algo mayor que estudió Contaduría en la misma universidad pero ahora trabaja en la capital. A la niña le gusta más el campo. Doña Chinita no nació en San Cosme, vino a casarse aquí hace 30 años, pero ella es de „las islas“. Resulta que antes de que hicieran la presa de Yacyretá había muchas islas en el cauce del Paraná en las que los guaraníes vivían de la caza, la pesca y la agricultura. Un paraíso, aunque no había luz ni las comodidades de la vida moderna. La represa no solo inundó las islas, sino que acabó con un paisaje de dunas fluviales que era único en el mundo y de una belleza deslumbrante. A Doña Chinita se le ahogan las palabras en nostalgia. „Los guaraníes fueron obligados a irse y les pagaron bien poco por la vida que les obligaban a dejar; fueron realojados en las calles nuevas (Calle 5, Calle 6...), y condenados a vender lo que sea, a trabajar para otros. Mi papá fue de los últimos que salió de las islas y, algún tiempo después, cuando le pusieron un video con el desalojo, le agarró una pena tan grande que le dió un patatús y se quedó seco“. Doña Chinita casi llora, tampoco tiene ni idea de que „patatús“ y „seco“ son palabras inadecuadas para describir la muerte súbita de su padre; al fin y al cabo, habla un idioma extranjero.
Dona Chinita ante su Virgen de Caacupé / Hausaltar und unsere Gastgeberin
Cuando decidimos ir a acostarnos, la familia entera se pone a rezar el rosario. Mientras nos lavamos los dientes y nos duchamos nos llega la salmodia a través de la ventana. Pronto es la fiesta de la Virgen de Caacupé (y la de Itatí, y la de la Inmaculada) y doña Chinita pone a su pequeña familia a rezar una novena ante el altar que ha levantado en el comedor de su casa.
El autobús de las 6  de la manana / der 6-Uhr-Bus von San Cosme und San Damian
Al día siguiente salimos a las seis de la manana. El autobús de La Sancosmeña llega puntual y nos montamos. El cobrador nos pregunta si nos gustó la Misión. En las calles nuevas vuelven a montarse los niños que van a Encarnación a vender. El sol ya está alto, el aire es fresco, la mañana parece dorada. Los niños vendedores juegan y se gastan bromas entre sí; el cobrador pone orden.
Zona franca de Encarnación. Es relativamente nueva porque la antigua "Baja" fue inundada por la Presa
Antes de regresar a Posadas nos bajamos en la gran zona franca de Encarnación para ver qué es lo que se vende. Pregunto el precio de una tableta y, me dicen una cantidad exorbitante. Para asegurarnos, preguntamos el precio de una máquina de fotos como la de Sabine. Cuesta el doble. Tomamos un café en un cuchitril y nos vamos de allí.


Noch ein Ausflug nach Paraguay

Noch einmal wollen wir einen Tagesausflug nach Paraguay machen. Allerdings verspäten wir uns ordentlich, denn vorher wollen wir noch „schnell“ ein Paket an uns selber aufgeben, in das wir die ersten 5 kg von unnützem Gepäck stecken. Die Sache zieht sich hin, wir müssen zum Zoll und in die endlose Schlangen, die vor dem Postamt und vor der Bank auf ihre monatliche Auszahlung warten (es ist einer der ersten Dezembertage, es folgt ein Wochenende, und die armen Leute bekommen von „Christina“ (Kirchner) eine Stuetze, was die weniger armen Leute gar nicht gerne sehen) – kurzum, es ist etwa Mittag, bis wir die Grenze hinter uns haben und auf der paraguayischen Seite erfahren, dass der nächste Bus nach San Cosme und San Damian erst in 2 Stunden fährt.
Derweil sind die Temperaturen wieder auf nette 38 Grad angestiegen, und während wir in einem der (wenigen) Lokale in Encarnación einen Happen essen, braut sich draussen ein Wolkenbruch zusammen und überschwemmt innerhalb von 20 Minuten die Stadt. Mit einem Gewitterschlag verabschiedet sich der Strom aus dem Restaurant, der Kaffee entfällt. 

Kein Kaffee, aber ein Liter frischer Ananassaft! / no hay café, pero un litro de zumo fresco de "Ananá" si hay

Die Temperaturen fallen schlagartig um 15 Grad, aber wir haben Glück und kommen trocken zurück zum Busbahnhof. Der Bus braucht dann noch eine Stunde, um sich seinen Weg durch die Sturzbäche und Riesenpfützen aus der Stadt raus zu bahnen und weitere 2 um ans Ziel zu gelangen. Es ist schon fast 5, als wir in San Cosme y San Damian ankommen, und uns ist inzwischen klar, dass wir heute nicht mehr von dort wegkommen.
Wie all die Dörfer, die wir zuletzt besucht haben, besteht auch dieses aus riesigen, sehr ländlichen Straßenquadraten, auf denen mehr oder weniger viele kleine Häuser in großen Gärten stehen. Auffallend ist, dass hier alles mit roten Dachziegeln gedeckt ist, anders als in Argentinien, wo die Dächer fast überall aus Blech sind. Ein Zentrum ist nicht auszumachen, der zentrale Platz ist eines der Quadrate, das nicht bebaut, sondern als Park angelegt ist (auch das wie ueberall). In San Cosme und Damian ist das der zentrale Platz der ehemaligen Jesuitenmission. An 3 Seiten ist er von langgestreckten niedrigrigen Steinhäusern umgeben, die damals Wohnhäuser waren und es auch heute sind, an der 4. Seite liegen die ehemalige Kirche samt Kreuzgang und Anbauten. Das Besondere hier ist, dass alles noch weitgehend intakt und irgendwie genutzt ist.

Imaginería guaraní: San Cosme y San Damián
Die Heiligen Zwillinge Cosmas und Damian kenne ich noch aus meinen Zeiten auf dem Jakobsweg. Die beiden Ärzte – Roemer, so weit ich erinnere – wurden aus was weiß ich für welchen Gründen geköpft und sind als Märtyrer bekannt. Sie werden deshalb oft ohne Kopf bzw. mit demselben unterm Arm dargestellt. In Covarrubias (Kastilien) gab es einen tollen Altar, der dazu das Wunder darstellte, das sie vollbracht haben: eine Beintransplantation. Der Empfänger war ein Weißer Adliger, der „Spender“ ein schwarzer Sklave. Das Resultat sah sehr lustig aus!

Don Rolando, director del centro de recepción, ofrece mate
Don Rolando, Vorsitzender des Besucherzentrums, bietet Mate-Tee an

Die Aufseher der Jesuitenreduktion verlassen ihre Plauderei mit Mate etwas unwillig – wir sind sicher die ersten Besucher am Tag - , aber dann werden wir informativ und freundlich durch das Gelände gefuehrt, die Kirche, voller alter, naiver Heiligenfiguren und als Treffpunkt von einigen Nonnen und Damen des Ortes wirkt „bewohnt“, die angrenzenden Räume werden für Unterrichtszwecke genutzt, hier kommt etwas davon rüber, wie das Ganze früher vielleicht einmal gemeint war. 

Am Eingangstor / encima de la portada

Der Kirchen-Dachboden / el desván-granero de la iglesia
Nach der Besichtigung werden wir dann zum zweiten Highlight des Ortes komplimentiert. (Fuer uns) unerwartet hat man hier, am Ende der Welt, irgendwo unten links in Paraguay, ein astronomisches Zentrum eingerichtet. Ein gewisser Buenaventura Suárez, aus Sta. Fe in Argentinien stammend, der Ende des 17. Jhs. In Córdoba (Arg.) Astronomie studiert hatte, war Moench hier bei den Jesuiten, und hat sich seine astronomischen Geräte selber gebaut und seine Beobachtungen mit den Kenntnissen der Guaranies zusammengebracht, was gemeinsam eine ziemlich exakte Kenntnis von Sternkonstellationen, Sonnen- und Mondfinsternissen etc. brachte. 
Er hat darüber Anfang des 18. Jhs. ein in Fachkreisen wohl auch in Europa bekanntes Buch geschrieben. Zwei Spezialisten sitzen in diesem Zentrum und informieren uns, mit  fachkundigen Vorträgen, die man – ob man will oder nicht – in ganzer Länge über sich ergehen lassen muss. Der erste informiert mit einem Video über die Sternkonstellationen und deren Interpretation durch die Guaranies, die zweite zeigt uns das Planetarium und darin den südlichen Sternenhimmel und wie wir darin Sternbilder erkennen.

Das Kreuz des Südens ist der Fussabdruck des Nandu
La constelación Cruz del Sur es, para los guaranís, la huella de un Nandú 

Die Mondfinsternis entsteht, wenn der blaue Tiger den Mond frisst
Un eclipse de luna ocurre, según los guaranís, cuando la devora el jaguar celeste

Der Gürtel des Orion: die drei Witwen
El cinturón de Orión son para los guaranís, las Tres Viudas

Die Pleyaden sind ein Bienenschwarm
Las Pléyades son un emjambre de abejas.

Im Sternbild Stier erkennt der missionierte Guaraní die Jungfrau
Las Hiadas de Taurus son la Virgen Guaraní
http://www.astropar.org/html/cielodelosguaranies.html
Weitere Zeichnungen, die zeigen, wie die Guaranies die Sternbilder interpretier(t)en

Auch das Observatorium wird uns gezeigt, wir koennten heute abend Sterne gucken, aber leider ist es bewölkt. In den umgebenden Gärten steht unter anderem eine Armillarssphäre, die uns ebenfalls vorgeführt wird, und das erste Mal im Leben verstehe ich, wie diese Modelle funktionieren. Sie stellen ja die Erde als Mittelpunkt des Universums dar, und man kann einstellen, wo auf der Erde man sich befindet und kann dann die entsprechenden Sternbilder drumherum-rotieren lassen. Das war alles recht unerwartet und sehr interessant.

Armillarssphäre / Esfera armillar

Observatorium, das Dach lässt sich verschieben
Se corre el techado y la caseta se convierte en un observatorio

Schliesslich werden wir freigelassen, es ist fast dunkel und wir befinden uns irgendwo in diesem weit verstreut liegenden Dorf. Aber es gibt sog. Posadas, was Zimmer in Privathäusern sind, und bald werden wir in ein solches einquartiert. Der dazugehörende Laden versorgt uns mit einer Zahnbürste. Als wir unseren Gastgebern in Posadas Bescheid geben wollen, dass wir heute nicht zurückkommen, merken wir, dass das Handy hier kein Netz hat, ein Anruf vom Festnetz ist erfolglos (nachher stellt sich heraus, dass uns die Paraguayer eine falsche Vorwahl gegeben haben), und so sind wir inkognito im „Ausland“. In dem Kaff gibt es sogar ein Restaurant, das wir nach einem kleinen Spaziergang finden. 
die einzigen Gäste / los únicos en el restaurante

Die junge Frau, die uns bedient (Stella Mary, s.o.), ist beglückt ueber die einzigen Gaeste (gegessen wird, was auf den Tisch kommt: ein Stueck Fleisch, etwas Salat, etwas Reis – ganz ok) und schwatzt mit uns, erzaehlt, dass sie in Asunción Lehrerin war, aber aus Gesundheitsgründen ins Elternhaus zurückgekommen ist, dass sie das ruhige Landleben liebt und noch nicht weiss, wie es weitergeht. Zurück in unserem Quartier laden uns die Hausbesitzer in ihren Garten ein. Dort sitzen sie mit der Tochter, die in Encarnación „Ernaehrungswissenschaften“ studiert hat und nun auch wieder zu Hause ist und dies auch der Stadt vorzieht. Arbeit gibt es hier kaum. Was sie mit ihrer Freizeit macht? Es bleiben wenige junge Leute im Ort, Vergnügungen gibt es kaum. Sie betet abends zusammen mit den Eltern. Schluck!
Die Gastleute haben die Gegend noch nie verlassen, „Sie“ stammt von einer Familie ab, die fueher auf einer Insel im Paraná gelebt hat, wie sehr viele „Eingeborene“, sprich Guaranies, die dort von der Jagd lebten. Die Insel war wohl sehr gross. Das Staudamm-Konsortium hat sie alle dort wegsaniert, hat ihnen im Dorf Häuser und etwas Land gegeben, sie dazu gezwungen, Landwirtschaft zu betreiben. Auch die Duenen am Flussufer seien leider durch die Ueberflutung so gut wie verschwunden. Der Bericht klingt nicht sehr verbittert, eher resigniert, aber sie erzaehlt auch, dass man ihrem Vater, der ueber 70 Jahre auf der Insel gelebt hatte, ein Dokumental-Video von der Insel gezeigt hat und den alten Herrn hat die Erinnerung an seine Insel so bewegt, dass ihn beim Betrachten ein „patatús“ ereilt hat, sprich ein Herzschlag, und das war dann sein Ende ... Die Sache mit den Duenen habe ich dann noch mal (im Internet) nachgeschaut. Es handelt sich wirklich um Duenen im Binnenland, was sehr ungewoehnlich ist, und es muessen wirklich tolle Flusstraende gewesen sein, die da nun dem „Fortschritt“ geopfert wurden.
Tráfico tempranero en SS. Cosme y Damián / Fruehverkehr in San Cosme
Man geht frueh ins Bett und steht frueh auf, auf dem Land, und um 6 Uhr morgens sitzen wir im Bus gen Encarnación und sind um 10 zurueck in Posadas, um unsere besorgten Gastgeber zu beruhigen, dass wir noch leben.