9. Januar 2013

Córdoba

AVISO: Estamos en Huaco y no hay posibilidad alguna de conectarse a internet. Hoy hemos venido a Jáchal (40 km, habiéndonos levantado a las 6 de la madrugada) y estamos en una gasolinera de la nacionalizada YPF, único lugar del pueblo que tiene contactos (lentos) con las esferas cibersiderales. Hemos podido cargar estos textos, pero sólo alguna foto.
Nos acordamos de todos vosotros, pero especialmente de Mayo.




Córdoba, llana sí, pero no sultana
Escribo este tag en Huaco (Jáchal), el desierto del norte de Argentina, donde no llega el internet, así que estamos incomunicados, presos del calor en nuestra cabaña y esperando que sean las siete de la tarde para salir a dar una vuelta.
Sólo ha pasado semana y media y ya parecen lejanos los cálidos días pasados en Córdoba, la ciudad más limpia, moderna y cosmopolita que hemos visto en el interior del país. El viaje desde Corrientes fue, finalmente, muy cómodo: aquella agencia amiga de Rebeca nos metió miedo con las fechas y nos dijo que casi seguro que no habría billetes la víspera de navidad, así que nos endiñó unos en „autobús-cama-ejecutivo“ que luego resultó que iba medio vacío. Tanto mejor. Pude estirar los pies en todas las direcciones cardinales y llegamos relativamente descansados a Córdoba a las siete de la mañana. Con el sol naciente pudimos admirar la blanca skyline de la ciudad plantada en la llanura, dueña de la luz, entre los verdes alrededores.
Córdoba es una ciudad cara. Acostumbrados a los precios de Paraguay, los 80 AR$ que nos cobran por el desayuno en la terminal nos dejan sorprendidos. La casa de los padres de Alicia, nuestra vecina madrileña del tercero, está en el extrarradio, pasado el cinturón de circunvalación. 
Para coger un taxi, los viajeros han de formar una larga cola que se va embutiendo en un embudo hecho con vallas metálicas de las que se usan para las obras y al final se sale de ellas como con guentagotas, uno por uno, como los venados que van a ser fecundados o vacunados o esterilizados. Es fácil deducir quien ha montado el tinglado: al final del embudo, un mozo maletero va abriendo al viajero correspondiente la puerta del taxi, mete la maleta en el asiento delantero y exige 2 AR$. Son sólo 0,30 €, pero no veo porqué tendría que dárselos. Me niego a que nadie toque mi maleta y a pagar ese impuesto („No tengo cambio“, le digo), pero el zorro del maletero le pide los 2 pesos al taxista y le encarga que nos los cobre a nosotros. Mi indignación es manifiesta y le digo al taxista „Es asunto de usted, no mío“. Menos mal que el tipo es simpático y empieza a darme la razón con una buena ración de sorna: Me explica que se trata de mendicidad y paro encubiertos y que es una de las consecuencias de la política de la Kirchner, que, como paga tan poco subsidio a los parados, éstos se ven obligados a rapiñear donde pueden. Luego empieza a contarnos que su abuelo emigró desde Córdoba (Andalucía) y llegó a Uruguay, pero cuando se enteró de que en Argentina existía otra Córdoba, no paró hasta conseguir establecerse en ella. El tipo habla con una gracia que podría ser andaluza, pero es argentina, mejor, cordobesa: la melodía de la frase es suave, nada que ver con el amanerado soniquete porteño, y cada palabra se apoya en una de las vocales, que se pronuncia larga, como arrastrada, dando al pensamiento un ritmo de tira y afloja en el que se columpia la socarronería. Pasamos por parques verdes realmente bonitos, edificios globalizados, comercios modernos, carreteras bien asfaltadas. En el barrio de nuestra dirección abundan los „countries“ de nueva construcción. Un Country, explica el taxista, es una colonia de casas vallada y con guardias de seguridad. Pero nosotros no vamos a ningún country. Cuando llegamos, la acogida es tan afectuosa que él mismo se demora y asiste sorprendido a los saludos, abrazos y presentaciones. Al final, le pago 5 AR$ de más, incluídos los 2 del maletero y nos despedimos como amigos.
La casa de Teo y Estela, los padres de Alicia, está en un solar que da a la carretera, detrás de dos pabellones rojos, en uno de ellos está la farmacia de Daniela, la hermana; el otro ha sido arrendado a un par de tiendas. La casa es una maravilla de sencillez y acertada construcción. Detrás de ella se extiende un campo semiasilvestrado, con flores que cuida Estela, la madre, un gran prado de césped („pasto“, lo llaman aquí, aunque no haya rumiantes para ramonearlo) y, un poco más allá, bajo un sauce llorón rizado („eléctrico“), la pileta portátil que acaban de montar y que sirve de bañera japonesa para toda la familia (al final del día el agua está tan caliente que uno podría pensar que se baña en té, pero esto no resta ni un ápice de humor al baño familiar).
A la izquierda del prado queda el taller de Teo, que no es precario como los garajes que se suelen ver, sino construído en el mismo estilo que la casa, con una bonita arquitectura de ladrillo que recuerda a Poelzig y los edificios de la Bauhaus. Teo hace por encargo placas y piezas de acero para fábricas de maquinaria. Lo admirable de su taller es que todas las máquinas que hay en él han sido también construídas por Teo, bricolagista de alta precisión.
Los ocho días que pasamos en Córdoba fueron días de descanso, familia, afecto, tranquilidad, buena comida, gran colada y paseos por la animada vida nocturna de la ciudad, un par de excursiones a los alrededores y charlas en la piscina. Sentados en el jacuzzi estático, Teo hace alarde de su voz gardeliana y de su gran afición, cantar tangos: tiene incluso un amigo bandeonista con el que actúa en círculos semiprivados. También le gustan, como a mí, la películas viejas argentinas de Hugo del Carril, del propio Gardel...
Hablando y hablando, me entero de que tanto él como Estela fueron represaliados por la junta militar y pasaron cuatro años encarcelados. Alicia, la hija menor, tenía apenas un año y las tres hermanas fueron acogidas en casa de los abuelos. Imposible no acabar preguntando por todo esto una vez que el tema ha sido mencionado; menos mal que él parece no tener demasiados reparos a hablar de su experiencia, donde lo peor, me dice, fue el mes que estuvo secuestrado en una casa de Córdoba --a oscuras, apaleado, incomunicado, perdido--; peor, incluso, que los años posteriores de cárcel sin saber qué era de su familia.

Placa en una casa que
fue cárcel clandestina
Para mí, lo más escandaloso de toda esta historia no fue la actuación de los militares (que a fuerza de archirrepetida está como sobada y casi sancionada -no como la nuestra de Franco, Fraga y congéneres, que aún sepasean indemnes por las páginas de la historia de España), digo, no la criminal actuación de los militares fue lo más escandalosos, sino la complicidad callada y eficaz de las multinacionales: Antes de caer preso, Teo trabajaba como inspector de control de calidad en la Volkswagen. La fábrica de coches alemana, que tiene amplia experiencia de colaboracionismo con las dictaduras ya desde los tiempos de Hitler (el cual, se puede decir, fue quien la fundó), no quiso readmitirle tras haber pasado por las cárceles de la dictadura militar y Teo se vió obligado a empezar de nuevo. Un amigo y ex-compañero de trabajo, que también se había independizado de la VW, le encargó que fabricara algunas piezas para su nueva empresa y así empezó a montarse su propio taller. Con su marcado acento cordobés, Teo habla de las dificultades vividas, de los trabajos para sacar adelante a la familia, para remontar la escala social y cuenta los detalles con un distanciamiento que diluye cualquier poso de amargura de la conversación.
El último día de nuestra estancia en Córdoba nos llevaron a cenar a casa de su amiga Mirta, para celebrar su recién cumpleaños. Mirta es viuda de desaparecido y había otra mujer más, entre los que allí estábamos, de la misma condición. José, por su parte, trabaja en una villa cordobesa (alguien ha visto „El Elefante Blanco“, la mediocre pero muy informativa película de Darín?)... Así se fue completando la docena de comensales.
La cena fue buenísima, la carne al horno, estupenda; el pollo al aspic, inolvidable; la gente, simpatiquísima, abierta, alegre. Bebimos un poco de más, mascamos algunas hojas de coca de más, hablamos de lo que se suele cuando se ha ingerido un poco demasiado de todo y, pasada la medianoche, nos despedimos como si nos conociéramos de toda la vida.
En la gran empatía que me hace sentir esta gente cordobesa, se abre alguna grieta al tratar de comprender el fenómeno del peronismo, algo que para cualquier extranjero resulta incomprensible, supongo, y no digamos ya la histriónica figura de la Kirchner. Particularmente no acabo de entender cómo puede ser tomada en serio esa viuda vestida con negligées de luto, con las uñas esculpidas enganchándosele en la chompa negra y remedando, a golpes de melena y en nombre de Dios, los discursos de Evita Perón, inaugurando calles, parques y películas con el nombre de su marido... Se rumorea que tiene las pezuñas metidas en negocios hoteleros en El Calafate, zona de turismo que ella misma ha promocionado y su nombre está escrito en pintadas con los mismos eslóganes, caligrafía y tinta en tapias de todo país („Clarín, con la democracia no se jode. Todos unidos y organizados con Cristina“), lo cual demuestra un marqueting político desmesurado; su presencia en TV es constante para soltar sus vacuos discursos autodefensivos y autopropagandísticos... Y, sin embargo, este grupo de gente con la que hemos cenado, gente comprometida con las ideas de la izquierda, de probada conciencia social y habiendo puesto la carne en el asador, la respeta, apoya su política social y no tiene en cuenta esos excesos personalistas ni esos coqueteos „a lo Evita“... Sinceramente, es un fenómeno que no entiendo ni me atrevo a descalificar superficialmente.

Una excursón a la Quebrada del Hornillos

Un día fuimos con Alicia y Carmelo hasta la baja sierra que se levanta al oeste de la Córdoba, a unos 30 km. El trayecto en autobús, de casi dos horas porque hasta allí llegan los barrios residenciales de la capital, termina en el dique del pantano que hay en Río Ceballos, donde las aguas del arroyo Hornillos son retenidas en una pequeña presa. Remontamos los „teóricos“ 3 kms hasta llegar a una cascada cercana al nacimiento del arroyo.
El camino es de grandes piedras rodadas que obstruyen el cauce y, a trechos, hacen el paso bastante difícil, por lo menos lo suficiente para demostrarnos que ya no sómos tan jóvenes como pensamos. Más que la dificultad del paso, lo que entorpece la marcha (el síntoma de la vejez) es el temor a una caída, a una ruptura o a un accidente que de al traste con un hueso o, incluso, con nuestro viaje lento. El miedo siempre corta las alas, se come el alma, como en aquella película de Fassbinder. El paisaje es perfecto, los montes se elevan a ambos lados con las laderas cubiertas de árboles que proporcionan sombra, en las praderitas de la orilla pace algún caballo, las pozas que forma el agua del regato (supongo que por eso se llama „Hornillos“) resarcen del calor.
 Por fin llegamos a la ansiada cascada. Durante las últimas dos horas hemos preguntado por ella a los que regresaban y la contestación era unánime: „Ahi arriba, no más, a un cuarto de hora!“. La cascada no es de las que podrían formar parte del patrimonio universal, gracias a Dios, pero sí que es muy bonita y nos podemos bañar en ella. En un día laborable esto puede ser el paraíso. El sábado 22, antes de navidad, hay bastante gente, grupos de jóvenes y un par de familias numerosas que con bañadores de marca y cierto tufo a Opus Dei.

De vuelta nadamos también en el pantano y nos tomamos una cerveza en un quiosco ambulante en el que solo dan „un vaso“ por litrona. Habráse visto cutrerío!
Detalles así, escatimando miserias, que expresan la extrema necesidad en que vive la gente del interior, los sufrimos en nuestra segunda excursión, a la que fuimos sólo Sabine y yo.



















Vivan los turistas!

Los jesuítas, además de misiones en Titicaca, Chiloé, Paraguay, Argentina y Brasil, también tenían „negocios“ en la provincia de Córdoba. En la capital fundaron la univesidad y tenían un colegio y una iglesia y, cerca, en un pueblo que se llama Jesús María, tres o cuatro estancias que explotaban con alto rendimiento económico y que les servía para compensar los altos impuestos con que los borbones gravaban las misiones guaraníes. Una de estas haciendas, Colonia Caroya, estaba dedicada a la agricultura. Cuando los jesuítas fueron expulsados, se convirtió en fábrica de armas. La segunda, Estancia Jesús María, estaba dedicada a la producción de vino, con vides que los jesuítas trajeron de Pisco, en Perú, donde las habían introducido anteriormente. La tercera, Estancia Santa Catalina, estaba dedicada a la cría de ganado. Nosotros, ilusos, pensamos que quizás podríamos llegar a las tres en coche de línea y visitarlas en un sólo día. La distancia desde Córdoba era de unos 60 km.
Así que salimos de casa antes de las ocho de la mañana y sin desayunar. Ya desayunaríamos en la estación, no en el bar de los 80 pesos, sino en otro menos ostentoso. Entramos en un garito con pinta de mensa universitaria, llamado „El Cairo“ y situado justo a la entrada de la terminal. Una (sota) camarera se encargó, sin preguntar, de traernos dos cafés con leche deplorables y dos mediaslunas. Cuando nos dijo la cuenta, de nuevo se le puso en el hocico la cantidad de 80 pesos. Qué poca vergüenza! Le dije que quería la cuenta detallada. Al fin y al cabo el primer día habíamos tomado zumo de naranja y hoy habíamos prescindido de él. La sota volvió diciendo que los dos cafés dobles (inventados) costaban tanto y las dos medialunas cuanto. Fui a la barra a hablar con la peripuesta y recién revocada jefa y ella me repitió con cara de as de bastos la misma cantinela. Le dije entonces que me diera la cuenta por escrito para mostrársela a la policía, y, cuando salíamos, llegó la sota al trote diciendo que se había confundido y que eran 60 pesos (lo que suele costar un desayuno así es 30 pesos, como mucho). Sin duda debería haber sido yo más rotundo, pero se iba el autobús. No había policía para reclamar; en turismo me mandaron al ERSEP (ente de regulación de servicios públicos), y allí dejé mi reclamación para que la tiraran „al papelero“ o adonde quisieran. A reclamaciones por abusos sin respuesta y sin eficacia estamos ya bien acostumbrados los madrileños. Lo que nunca perdonaré a aquellas dos „cairotas“ es que me estropearan el empiece de la excusrsión.
Una hora después llegábamos a Jesús María (sin José). La ciudad es bastante anodina, si no fuera porque en ella se celebra, precisamente este fin de semana que escribo, un „Festival Nacional de Doma y Folklore“
Equino tras el festival de Doma y Folklore de Jesús María
 (lo he visto un par de veces en televisores al paso: se trata de un rodeo „americano“ acompañado de payadores y, por la noche, recitales de música tradicional. Si no hubiera sido por el calendario, estaríamos allí, pero retroceder 1000 km es excesivo. Y después de la experiencia, la ciudad tampoco invita a volver).
A pesar de las maravillas cantadas de prospectos y anunciadas como patrimonios de tooda la humanidad, en Jesús María no había ni una sóla indicación, ni una flecha, ni un indicio de dónde estaban las haciendas jesuítas. El kiosko de información de la plaza estaba cerrado, la gente parecía no tener ni idea de lo que buscábamos, hasta que, preguntando, preguntando, llegamos al consistorio y, allí, una señorita bastante simpática nos explicó
pormenorizadamente cómo se llegaba a Colonia Caroya y nos dibujó con bolígrafo el itinerario en el plano, calle por calle. La dejamos hablar y pintar porque lo hacía con tanta unción y arrastrando de tal manera las vocales, a la cordobesa, que yo no pude dejar de admirarme. Seguiimos sus indicaciones.
Tras andar casi 5 km buscando la sombra de los árboles, arrivamos a un „country“ de militares y, la sargento que estaba a la puerta, nos dijo que la colonia estaba al otro lado del pueblo, „más allá del museo de armas“. Por lo visto, la funcionaria del ayuntamiento era disléxica y desde un determinado cruce nos había dirigido en dirección contraria.
El posible cabreo por el paseo al sol y el tiempo perdido se disolvió en el recuerdo de la simpatía sin paliativos de la funcionaria. Nos fuimos entonces a la segunda Hacienda, la de Jesús María; Sabine con el plano ante la nariz, y llegamos pronto y bien, a pesar de que no había ningún indicador.
Grafitti en Jesús María
En la puerta se cortaba la uñas un segurata semiadormecido que ni se dignó saludar. Tras preguntarle si se podía visitar el recinto, arrastró los pies y al rato volvió una señorita que debía estar en su escondite traspuesta del todo. Nos despachó las entradas con cara de no mirar y, con la misma cara, nos prohibió, con voz de robot, „ingresar al recinto con máquina de fotos“. Las probas funcionarias del turismo argentino me tienen hasta los mismísimos: ellas son las que, como sus colegas mundiales, pintarrajean mapas y planos con cruces, rayas y círculos que los dejan inservibles y confusos; ellas las que explican con desgana, mirando a la pared o a sus colegas o a quienes pasan por la calle, lo que se puede hacer y dejar de hacer;
Restos arqueólogicos del siglo XVIIIi?

las mismas que no tienen ni idea de qué hay tres calles más allá de su oficina, que no saben contestar a lo que se les pregunta, sino que se limitan a leer el prospecto o a recomendar lo más caro. Esas mismas son las se vuelven celosas de su deber reprimiendo, defendiendo como buenas guardianas la prohibición de sacar fotos que algún jefe incompetente les ha ordenado por fax. La disculpa más normal es que „ha habido un robo“ y, sin que haya relación directa, es imposible sacar fotos en el museo, con o sin flash, dentro o fuera del recinto... imposible
Tal que así era la cocina de la Hacienda Jesuitica
que estaba prohibido fotografiar

hacerles entender que uno de los postulados fundamentales del turismo es pregonar la mercancía, porque, desde que se inventó el comercio, el „paño en el arca no se vende“.
Visito con mala hostia el terreno prohibido y niego el saludo a los otros dos seguratas del recinto que vigilan que no se hagan fotos. Al concluir la visita me doy cuenta de que quizás es un buen museo, con piezas interesantes quizás, pero cómo lo diría yo, si la rabia no me ha dejado verlo?
Decidimos ir a la tercera Hacienda, la de Santa Catalina, dedicada a la cría de ganado y actualmente propiedad privada, pero, eso sí, „patrimonio de la humanidad“, que viste mucho. Está a unos 20 km de Jesús María y hay que ir en taxi. Ante la estación de autobuses hay un cartel explicitando: „Precios de los taxis y remises: bajada de bandera, 5 pesos; kilómetro de recorrido, 4 pesos; minuto de espera, 6 pesos“. Al llegar, le pregunto a la primera taxista de la fila, una rubia oxigenada con suéter de piel de tigre, cuánto costará ir a la Hacienda: „Aquéllo es precioso, lindísimo, no lo conocés? Te va a gustar! Un momento y estoy preguntando por teléfono!“ Y llama a su operadora mientras me sigue alabando el lugar. Al final contesta: „Y... son 160 pesos de ida más lo que tarde la visita y, luego, la vuelta“.
Mas o menos así eran las letrinas de la Hacienda
 Le contesto que no me interesa, le señalo el cartel de los precios y me voy. La muy ladina nos quiere cobrar justo el doble y obligarnos a hacer la visita contra reloj! Pero ya no tenemos ganas hacer el número del turista imbécil por los aledaños de Córdoba. Nos sacamos un billete de vuelta a la capital. Cuando estamos en la cola, la rubia del tigre sintético viene: „que se ha confundido y que luego ha hablado con otra operadora y que sale por...“ Sin dejarla terminar, le digo cortante: Señora, que no nos interesa, adios!


Y nos volvemos a Córdoba.
En la capital tratamos de seguir con el tema del día y visitar el Colegio y la Universidad de los Jesuítas. El colegio no se puede visitar porque entorpece a los alumnos que estudian en él. La universidad tiene un cartel diciendo: „Horario, de 9 a 19 h“, pero cuando vamos a sacar entradas, sale otra proba secretaria y anuncia: „Ese horario es el mío, o sea, yo tengo que estar aquí para decirles que las visitas son los jueves a las 11 de la mañana; fuera de ese tiempo sólo se pueden ver los patios.

Sesudo pensamiento psicofilosófico a la entrada de la universidad de Córdoba
Qué bien! acabamos de finiquitar un tema nos interesaba y que era „nuestro“ patrimonio.
Mientras masticamos por la calle nuestro rotundo fracaso del día, desde una terraza de la zona peatonal nos llama Carmelo; está con Alicia y Daniela disfrutando a la sombra de una soberana cerveza. Ellos sí que saben! Nos juntamos y renunciamos a la oferta cultural cordobesa.
No hay duda de que nos hemos equivocado de museos: podríamos haber elegido Alta Gracia, donde está la casa natal del Ché, o los museos de la capital. Qué lástima!
Al día siguiente a mí no me quedan ganas de volver a Córdoba; prefiero quedarme escribiendo en el acogedor refugio familiar, porque llevo bastante retraso en el Blog. Sabine sí va y regresa con fotos estupendas (que todo el mundo puede ver en su tag).

Perros policías vigilan la Hacienda Jesuítica de Jesús María

(9.1.) Es tut uns leid! Wir sind in der totalen Internet-Diaspora. In einer Tankstelle, 40 km von unserem derzeitigen Aufenthaltsort entfernt, gelingt es uns, die Texte hochzuladen, aber bei den Fotos streikt das Netz! Wir hoffen, die Fotos am Wochenende nachladen zu können! Grüsse aus Huaco bzw. Jáchal von Sabine und Gabriel(Jetzt sind wohl alle Cordoba-Fotos drin (12.1.)



Cordoba
Teo und Carmelo (schw.-weiß-Fotos von Carmelo)
Wo soll ich anfangen? Eine gute Woche haben wir wie Gott in Frankreich gelebt, in der Gesellschaft unserer Freunde und Nachbarn aus dem dritten Stock in Madrid, Carmelo und Alicia, bei Alicias Eltern am Stadtrand von Cordoba, in ihrem hübschen Häuschen mit dem grossen Garten und der schwesterlichen Apotheke.
Estela und Gabriel
Teo und Alicia
Die 3-Millionen-Stadt Cordoba haben wir in einer 12-stündigen Nachtfahrt in einem relativ bequemen Schlafbus erreicht – im Morgenlicht erscheint eine Skyline wie Manhatten (na gut, doch etwas kleiner), klare Luft, Frische, keine Schwüle mehr, keine Hitze, ein mediterraner Frühsommer-Eindruck.
Empfangen wurden wir mit viel Herzlichkeit und Fröhlichkeit, immer war eine Flasche Wein zur Hand, und im Garten gab es einen Gartenschlauch und eine “Pileta”, d.h. ein aufstellbares kleines Schwimmbecken, das bei Hitze die Funktion einer Familienbadewanne erfüllte.
Carmelos Kochkünste haben uns während dieser Tage hervorragend versorgt, die Ruhe unter der Trauerweide verleitet zum Lesen und Dösen oder dient als Zimmer, in dem Mutter und Tochter vertraulich schwatzten, im letzten vom Sturm verschonten Eukalyptus krächzt die Papageien-Kolonie und der grosse Leguan, der irgendwo unter dem Beton vor Teos Werkstatt wohnt, schlappt triefig quer über den Rasen, auf der Suche nach Mäusen oder anderem Futter.
Das "Haustier" der Cavigliassos / Iguana, "mascota" de la familia

Wir wurden fest in die Familie integriert, haben mit Schwester Daniela in der Apotheke geschwatzt, mit Schwager Sergio gefachsimpelt, uns Teos Werkstatt mit den Praezisionsteilen für Waagen angeschaut und seinen Erzählungen aus der schönen und der weniger schönen Vergangenheit gelauscht, wir haben Stunden mit Stella und Alicia Mate-schlürfend am Esstisch gehockt und gequatscht, haben uns mit Freunden von Alicia in der Stadt getroffen und nette Kneipen kennen gelernt, sind über den Weihnachts-Kunsthandwerksmarkt gebummelt, haben gemeinsam Feste gefeiert und einen herrlichen und auch einen frustrierenden Ausflug unternommen. Mit die schönsten Momente waren, wenn irgendein Thema Teo an einen Tango-Text erinnerte und er mit viel Konzentration und weicher Stimme einen Tango anstimmte, einfach so, für sich und für uns.


Mit Daniela und Sergio


Zu Weihnachten gab es ein grosses Familien-Essen, zu dem alle beigetragen haben. Zum Glück war es wenig steif und wenig förmlich, der Tisch stand auf dem Rasen und alle waren guter Dinge. Es war der heisseste Tag der Saison, man konnte kaum atmen und tagsüber spritzten sich alle jede halbe Stunde mit dem Gartenschlauch ab oder verliessen die lauwarme Pileta erst gar nicht. Nach dem Abendessen, nachts um 1, hat Teo den Rasensprenkler angestellt, unter dem wir alle nass wurden und uns so ein wenig abkühlen konnten. Es war einfach ganz ungeheuer heiss, und dann, gegen 4 Uhr morgens, als wir voll des guten Weines, des Champagners und des Grillfleisches in den Betten lagen, tat es einen ordentlichen Schlag, alle Fenster schlugen zu, es kam ein wilder Sturm auf, und die Temperaturen fielen in den Keller. In den Tagen danach war es wieder mild bis kühl und angenehm, aber der Weihnachtsabend selber war wirklich denkwürdig warm.


Die Stadt
Cordoba ist die zweitgrösste Stadt Argentiniens, mitten im Land auf einer endlosen Ebene gelegen, die im Süden in die Pampa übergeht, im Norden in den Chaco (was m.E. nur zwei Namen für denselben Landschaftstyp sind, nämlich Steppe, mal feuchter, mal trockener).

Wenn man durch so viel leeres Land gefahren ist wie wir, dann glaubt man es kaum, dass hier am Ende der Welt noch Zivilisation sein sollte. Aber es kommt eben auf den Blickwinkel an. Es könnte auch der Nabel der Welt sein. Die Stadt wirkt so ungeheuer normal oder global oder wie auch immer man das nennen will, was auf uns Mitteleuropäer einen vertauten Eindruck macht. Keine sichtbare Armut, kaum Menschen indianischer Abstammung, überall Ordnung und Strassenzüge, die einen adretten und wohlhabenden Eindruck machen. Ohne irgendwie besonders zu sein.

Gabriel nennt das “stumme Städte”, Städte, die ihm nichts sagen. Ja, man entwickelt kein wirkliches Gefühl für diese Stadt, aber mir gefällt die Innenstadt, die sehr lebendig ist, voller Studenten und mit vielen Lokalen, dazu eine wahrlich tolle Art, die Hitze aus den Einkaufsstrassen raus zu halten, indem sie mit Gerüsten versehen wurden, an denen Bougainvilles heraufranken. Irgendwo habe ich gelesen, dass diese Gerüste verhindern, dass Feuerwehrautos in die Strassen reinfahren können. Das kann wirklich ein Problem sein, gebe ich zu, aber im Moment gefällt mir der Eindruck einfach. Ausserdem gibt es viele nette Plätze voller Strassencafés, also, ich kann mir vorstellen, dass man hier ganz angenehm leben oder studieren könnte.
No hay mejor consuelo que una buena cerveza fresca / ... mit Carmelo, Alicia und ihrer Schwester Daniela, die erst um 5 wieder in der Apotheke sein muss; bleibt Zeit für ein kühles Bier


Ausflüge in die Natur, zur Weltkultur, mit Unkultur
Cordoba liegt etwa auf 400 m Höhe, und westlich und nördlich davon gibt es einige niedrigere Bergketten mit Ausflugsorten. Mit Carmelo und Alicia sind wir in fast 2 Stunden Busfahrt zur “Quebrada” gefahren, wo ein kleiner Staudamm das Wasser eines Baches auffängt.



Diesen Bach sind wir entlanggewandert, sehr steinig, aber sehr schön, unterwegs konnte man sich in den Gumpen baden, und am Schluss winkte ein kleiner Wasserfall. Wir haben gepicknickt und uns ein wenig bewegt, niemand hat sich ein Bein gebrochen, und am Schluss gab es sogarein Bier in einem Kiosk – ein ganz gelungener Ausflug!
Der zweite Ausflug war der frustrierende, den Gabriel unter den “aergerlichsten Tagen seines Lebens” abgespeichert hat. Ich, die ich es meistens zu anstrengend finde, mich aufzuregen, habe den den Tag unter “Erfahrungen, die das Leben so mit sich bringt” abgespeichert. Es ging in einen Ort namens JesusMaria, ein weiterer Beitrag zum Jesuitenthema.
Während sich im Nordosten Argentiniens und in Paraguay die Jesuiten um das Seelenheil der Guaranis mühten, konzentrierten sie sich in Cordoba auf die Repraesentanz und in einigen Estancias (besseren Landgütern in der Umgebung) um ihr eigenes leibliches Wohl. Auch dies alles gehört seit 30 Jahren zum Unesco-Weltkulturerbe. Was nicht heissen soll, dass “die Welt” das so einfach angucken kann. Die Jesuitenkirche in Cordoba – das Reichtum-Protzendste, was ich in Lateinamerika gesehen habe – ist, wenn offen, immerhin frei zugänglich, die Universität daneben – die älteste ganz Südamerikas – kann man um 11 oder um 17 Uhr mit einer Führung ansehen, wenn nicht grade Feiertag ist oder sowas. Das Kolleg Montserrat, auch gleich daneben, ist nur zu 2 Zeitpunkten 2x die Woche zu besichtigen … na ja, war auch nicht so wichtig. Wir werfen einen Blick vorbei an den Zerberussen in die Innenhöfe und trollen uns.

Kathedrale

Decke der Jesuitenkirche

Innenhof der Universität
Noch schwieriger wurde es mit der Besichtigung der Estancias, von denen 3 in Jesus Maria (1 Std. Nördlich von Cordoba) und Umgebung anzusehen sind. Mit dem Bus im Ort angekommen, gibt es keinen Hinweis, kein Schild, kein nix ...schliesslich im Rathaus eine freundliche Tante, die eine Fotokopie eines Stadtplans rauszieht und uns draufmalt, wie wir laufen müssten, um zu 2 der Estancias zu kommen. Es ist schönes Wetter und der 3 km Spaziergang zu der ersten, teilweise entlang einer befahrenen Landstrasse, macht uns kaum etwas aus, ausser, dass wir am Schluss in einem Militaercamp landen, wo man uns sagt, die gesuchte Estancia sei am anderen Ende der Stadt. Wir verzichten. Die zweite finden wir auf eigene Faust. Schliesslich bin ich Geograph!

Estancia JesusMaría

Dort wurden wir unmutig empfangen, sicher waren wir wieder die ersten Besucher des Tages, die die Ruhe der Wächter unterbrachen. Unter Fotoverbot wurden wir eingelassen (Superargument: es habe Diebstahl gegeben, deshalb sei das Fotoverbot erlassen worden). Das alte Gebäude ist wirklich recht schön. Nicht, dass wir ehrlich so scharf auf die Jesuiten wären, aber die religiösen sind die einzigen historischen Bauten, die hier überhaupt erhalten sind und unterhalten werden. Als wir wieder gehen, stolpert ein einsamer Amerikaner die staubige heisse Strasse entlang, wo denn das Museum sei ….
Die dritte Estancia liegt 20 km entfernt, ueber eine unbefestigte Strasse zu erreichen, ohne öffentliches Transportangebot. Die Taxifahrerin bietet eine Fahrt für 40 Euro an – hin. Plus Gebühr fuer die Wartezeit. Und natuerlich muss man auch zurückkommen. Gabriel winkt ab, und als wir schon die Rückfahrtickets für den Bus nach Cordoba kaufen, kommt sie an und bietet den gesamten Trip hin und zurueck zum Hinfahrtpreis an. Aber wir haben schon keine Lust mehr. Wir wissen ja noch nicht einmal, ob überhaupt offen wäre.

Mehr Kultur
Cordoba hat 3 Kunstmuseen, die Werke von Künstlern aus der Region ausstellen. Kein alberner Versuch, mit internationalen Museen mithalten zu wollen, sehr angenehm. Schon die Gebäude sind ansehenswert, was nicht wenig ist in einem Land, in dem jeder bauen kann, was und wie er will und in dem die Architektur weitgehend vom Geldmangel bestimmt wird.

Für Peter

Im Zentrum der Stadt zeigt die Jugendstilvilla Genaro Perez ausgesuchte eher klassische Werke. In der Neustadt liegt das modern ausgebaute Provinzmuseum Emilio Caraffa am grossen Rondell der Plaza de España. Der Rundgang durch die Säle gleicht einem durch die Leipziger Spinnerei, sprich, eine Menge moderner Installationen und zweifelhafter “Kunstwerke”, die in der Summe aber einen kurzweiligen Eindruck geben.


Und schliesslich, schräg gegenüber, der Palacio Ferreira, ebenfalls Anfang des letzten Jahrhunders von einem französischen Architekten erbaut, eine super-Reichen-Villa mit 35 Schlafzimmern und 19 Bädern, die seit Kurzem nicht mehr für Feten von Regierungsmitgliedern genutzt wird, sondern als weiteres Ausstellungshaus.



Noch ein Festessen
Teo und Estela sind die Eltern von Alicia, Daniela und Claudia (letztere haben wir nicht kennen gelernt). Sie haben uns herzlich in ihre Familie aufgenommen und ihr Haus und ihre Rituale mit uns geteilt. Sie sind beide in den 70ern, während die Töchter irgendwo zwischen Ende 30 und Mitte 40 sind. Sie gehörten Ende der 60er und Anfang der 70er Jahre einer kritischen, links gerichteten Gruppe an, die sich gegen die Militärdiktatur richtete. Die anti-diktatorische Bewegung war speziell in Cordoba aktiv. Obwohl Peron vom Militär kam, sahen viele der revolutionären Gruppen das Heil in ihm, und als er starb folgte man seiner Frau, der berühmten Evita, die sich speziell mit Sozialprojekten hervortat. Aber 1976 erfolgte der nächste Militärstreich und unter diesem geschahen all die brutalen “Reinigungen”, denen speziell viele Mitglieder der Cordobeser Gruppen zum Opfer fielen.



Die Eltern von Alicia waren in dieser Zeit 4 Jahre lang gefangen, und Teo ist überzeugt davon, dass er nur am Leben geblieben ist, weil er von Anfang an keinen Ton gesagt hat, während die Compañeros, die ausgesagt haben, alle wenige Tage darauf “verschwunden” seien. Er war Arbeiter bei VW gewesen, ein Inspektor oder sowas, und hat sich wohl auch in der Gewerkschaft engagiert. Es waren 4 harte Jahre für die Familie, die 3 Mädels wurden von den Grosseltern betreut, Teo verlor seine Arbeit im VW-Werk und natürlich (!) bekam er auch nach seiner Freilassung dort keine Anstellung mehr, denn er war ja schliesslich ein Ex-Knasti. Verblüffend, wie er seine Sanftheit und seinen stillen Humor beibehalten konnte.
Obwohl wir schon am 26. Dezember weiterreisen wollten, sind wir 2 Tage länger geblieben, denn für den 27. abends wurden wir zusammen mit der ganzen Familie zu Mirta eingeladen. Mirta ist in unserem Alter und hatte Geburtstag. In ihrem adretten Häuschen, dessen Garten die ganze Aufmerksamkeit einer allein lebenden Rentnerin widerspiegelt, erwarten uns sechs weitere 6 Personen und viel gutes Essen.Die Tafel ist auf der überdachten Terrasse gedeckt, es ist ein himmlischer Abend, alle sind gut gelaunt, es gibt viel zu trinken, es wird viel gelacht, wir haben das Gefühl, dass wir uns alle schon seit Jahren kennen. Es stellt sich heraus , dass die 6 Personen alte Freunde von Teo und Stella sind, die alle etwa das gleiche Schicksal erlebt haben. Mirtas Mann und die Männer weiterer 2 Fauen am Tisch sind “verschwunden”, sprich von den Militärs gefangen genommen worden und nie wieder aufgetaucht. Jose, der Mann einer weiteren Frau, Schwester einer der anderen – ich blicke ehrlich gesagt mit den Namen und Familienverhältnissen nicht ganz durch – arbeitet heute noch freiwillig in einem Armenviertel und hat sich damals schon für die Villas engagiert (hat jemand kürzlich den Film vom “weissen Elefanten” gesehen, einem Armenviertel von Buenos Aires? Da geht es um so eine Villa); die revolutionären Gruppen haben damals in den Armenvierteln Essen ausgeteilt oder auch (wie es auch dieses Weihnachten in Rio Gallegos geschehen ist, wo die Präsidentin Kirchner die Feiertage verlebt) Supermärkte geplündert, um die Lebensmittel unter den Besitzlosen zu verteilen.


Wir versuchen im Gespräch dahinter zu kommen, was diese Leute politisch denken, aber mir fällt es – zwischen Wein und allgemeinem Durcheinander-Geschwatze – schwer, dem Gespräch zu folgen, und mein Eindruck ist, dass sie mehr die Vergangenheit eint als die Gegenwart. Warum sie alle für die Kirchnerin sind, ist nicht genau zu verstehen, mir scheint es die fatale Wahl für das kleinere Übel zu sein. Aber ich werde dran bleiben, würde gerne verstehen, was es auf sich hat mit dem Peronismus und dem Kirchnerismus, die beide nicht so einfach in unsere europäischen Klischeeschubladen passen.
Bleibt die Erinnerung an einen rundum fröhlichen schönen Abend, Dank an die Gastgeberin und an die Familie von Alicia, ein Abschied am nächsten Morgen mit Übergabe von viel unnötigem Gepäck an Carmelo, der verspricht, alles nach Madrid mitzunehmen, und schon sind wir wieder unterwegs.

5. Januar 2013

Gente singular en Corrientes

An die deutschen Blog-Freunde:
Hier folgt die Geschichte einer Uebernachtung in Corrientes, bei der wir die Bekanntschaft einer freundlichen Bulgarin gemacht haben und Gabriel seinen Fotoapparat verloren hat, was ueberhaupt nicht schlimm war, denn am naechsten Tag sollten wir Carmelo treffen, der uns aus Madrid sowieso eine andere Kamera mitgebracht hat. Da es hauptsaechlich Gabriels Geschichte ist, habe ich sie nicht auf deutsch geschrieben. Ich melde mich bald mit anderen Geschichten. (Die Fotos zeigen die Bulgarin, ihren Mann, eine freundliche Museumsdirektorin und ein paar Eindruecke von Corrientes.)

Gente poco corriente en Corrientes
No sabemos de Corrientes más que hay una calle en Buenos Aires que da el empieze al famoso tango „A media luz“ y que es el nombre de una provincia y de una ciudad. Algo hemos leído en alguna guía, o la Lonely Planet o la Dumont, que la desaconseja: ciudad cara, antipática, en la que el viajero no busca más que la forma de salir. Tanto es así que casi decidimos bajarnos 40 km antes y quedarnos a pernoctar en Resistencia; pero de Resistencia aún sabemos menos, ni nos dice nada ese nombre tan numantino. Con las prisas y preparar el equipaje para la frontera, las guias se han quedado encerradas en las maletas y no hay posibilidad de obtener información. La estación de omnibus de Resistencia está en un descampado, los barrios que hemos visto al entrar son verdaderamente desolados y, llegando de Asunción, preferimos continuar hasta el final de trayecto. La mujer que ha hablado con Sabine en la frontera es de Corrientes y le ha dicho que la estaciòn de autobuses está a 10 km del centro, que es mejor apearse en una plaza del centro de la ciudad, donde hay parada. Así lo hacemos y allí baja del autobús ella también.

Rebeca Lazaroff es, quizás, algo mayor que nosotros y de una delgadez extrema que le merma belleza. Tiene una voz de terciopelo ajado, tan atractiva que le obliga a uno a creerse todo lo que dice y pasa tiempo hasta que se repara en que es algo mitómana. Por lo visto viene de Asunción de vivir experiencias extremas, ha estado en contacto con „gente indígena“ y con círculos „de las altas esferas“. En realidad, ha ido a despedir a uno de sus cinco hijos que se marcha a México. Tiene familia repartida por todo el mapa mundial, incluso una hermana en España, no sabe dónde. Se enciende un cigarrillo y nos acompaña con las maletas por las calles de Corrientes, seis cuadras, si podemos andar con tanto peso, si no queremos tomar una remise...: vive cerca de allí y en su casa podríamos quedarnos, pero ahora viven dos estudiantes que están de exámenes... Sin embargo, cerca hay un hotel donde se hospedan sus hijos cuando vienen todos y no queda sitio en casa. Además, si al día siguiente queremos continuar viaje, no necesitamos ir a la estación a sacar los billetes, sino comprarlos en la agencia de viajes donde ella los compra. Nos despedimos a la puerta de la agencia y, al enterarse del nombre de Sabine, se le iluminan los ojos: „Ah!, Sabina... y Serrat! es mi maestro de vida, mi biblia!“ Luego nos indica donde queda el hotel San Martín y nos separamos prometiéndole hacerle una visita a ella y a su marido.
La impresión sobre Corrientes transmitida por esa guía indefinida, es casi cierta: el Hotel San Martín es el más caro (y confortable) de todo nuestro viaje (70 €), los bares „normales“ parecen no existir en las calles céntricas, donde solo hay lujosas pastelerías-cafeterías o picadas de pizzas bañadas en queso analógico, la calle peatonal está llena de gente que ultima sus compras de navidad, predomina entre el público ese género de viudas rubias, recompuestas y maquilladas como las que hay por Zaragoza o Santander.


Un coro encaramado en un escenario canta muy bien villancicos (o así) de letras deleznables, como sacadas de los salmos...
Visto lo visto, decidimos ir a ver a Rebeca Lazaroff.
Rebeca vive con su marido en una buena casa antigua algo venida a menos (unos 150 años, de las más antiguas de Corrientes). 
 En el portal de entrada hay un mural esculpido en cemento con una carreta transportando troncos de madera. Toda la casa está llena de tallas de madera de factura correcta pero un poco demasiado a lo Lladró. Los techos son altos, las habitaciones grandes, el pasillo estrecho, los desconchones de las paredes, el mobiliario desvencijado... La casa respira decadencia de escenario novelesco, de vida romántica. El marido empieza a explicar la historia „de un amigo“ que una vez fue a Madrid a vender unos tapados de pieles y se alojó en una pensión de la Puerta del Sol; estuvo allí un par de semanas y no consiguió vender nada; regresó algo frustrado, le dio los tapados en comisión a una vecina que tenía una tienda y, al cabo del tiempo, los había vendido todos.
Más tarde, ahora hablaba de sí mismo, habiendo enviudado, quiso ir a Rusia a buscarse una mujer y el amigo le contó su experiencia con las pieles y le dijo que quizás no fuera necesario ir al fin del mundo a buscar lo que podía estar a la vuelta de la esquina. Y, efectivamente, a la vuelta de la esquina estaba Rebeca. Así se encontraron y formaron una „patchwork-family“ con los cinco hijos de ella y los tres de él.
Rebeca, mientas tanto, nos saca una rodaja de sandía bien gorda y jugosa y empieza a contar cosas suyas: Cómo le gusta Sabina, el cantante, al que conoció en Barcelona, en la boda de un sobrino suyo con un sobrino de Sabina. Salieron juntos de bares: „Será un vicioso, pero es un maestro de la vida. Ella le contó la suya y él la plasmó en una canción, Rebeca“. Sigue contando que su padre era ruso y su madre búlgara, ambos judíos; su marido también; que vive haciendo el bien porque sigue el juego que inventó un niño israelí de 9 años: uno recibe un favor y se obliga a sí mísmo a hacer tres favores a otras tantas personas, en silencio y con discreción. 

Sabine y yo nos miramos y, sin decirnos nada, entendemos que somos uno de los favores que ella debe hacer. De alguna manera se rompe la magia de la conversación, nos despedimos y nos vamos.
En los hoteles caros se duerme bien, aunque los recepcionistas esperen propìna y hagan una mueca si no se les da. Al día siguiente, habiendo sido imposible conseguir billete por la mañana, nos vemos obligados a llegar a Córdoba durmiendo en coche cama. Antes tenemos que matar el día en Corrientes.
Corrientes puede resultar una ciudad antipática, eso es cuestión de cada cual, pero no es fea. Tiene un puente grandilocuente, casi como el Golden Gate de San Francisco, que atraviesa el río Paraná, inmensamente ancho, cerca del Balneario (playa);


en las calles hay muchas casas de traza coloniales, algunos jardines bonitos, un buen museo que nos enseña la propia directora con mucha simpatía;



un gran teatro miodernista y hasta descubrimos un restaurante abierto con wifi donde nos pasamos dos o tres horas escribiendo en el Blog.
Los ciclomotores provienen de créditos
blandos del gobierno para crear empleo
Incluso comemos algo, no recuerdo qué, que no lleva queso analógico derretido por encima, y permanecemos en él hasta que se cierra, hacia las 16 h. Damos otra vuelta por la ciudad, entro en una tienda de música donde hay sólo una señora y le pido música regional; me ofrece „chamamés“ (parece que Corrientes es la capital del chamamé), pero oyéndolos seguidos, resultan cansinos; cuando elijo un par de discos me pide un precio desorbitado, dicutimos un poco y le digo que no. Luego vamos a un supermercado a comprar fruta para el viaje. Nos obligan a dejar la mochila en una taquilla, pero no compramos nada porque la fruta en (casi todos) los supermercados argentinos suele ser cara, pero tan mala como la que venden los tenderos chinos en Madrid. Por fin nos vamos a despedir de Rebeca y su marido y entonces me doy cuenta: me falta mi máquina de fotos!. Intento recapacitar dónde la he podido dejar, imposible acordarme. Era una cámara ya vieja (7 años), demasiado grande para llevarla en el bolsillo y demasiado antigua para ser llorada. Tenía las gomas despegadas y su destino era ser arrinconada, como los animales domésticos inservibles; mañana tendré la otra, mucho más pequeña, que me ha traído Carmelo de Madrid. Él mismo se tenía que llevar ésta. Volvemos a hacer el recorrido inverso: en la tienda de música recuerdo haber visto con el rabillo del ojo a alguien que entraba mientras yo discutía el precio con la señora y la cámara estaba encima del mostrador. La señora, inmutable, dice que yo la agarré y salí de la tienda sin comprar nada. En el supermercado, donde pude haberla dejado en la taquilla, han cambiado el turno de gente y el nuevo chico no sabe nada de ninguna cámara. La cajera mira con pícaros ojillos de lista... Que le aproveche a quien sea mi vieja cámara que me ha servido y resultado incómoda durante tantos años! Lo único que me jode es que me la hayan robado.
Adios, Corrientes.
Patio del Museo Colonial
LA ÚLTIMA FOTO

2. Januar 2013

Essen und Trinken

Hola, lectores del blog en castellano. Pensamos que conoceis más o menos los costumbres de comer en Argentina; o sea, que esta descripción es para los alemanes. Y siempre quedan las fotos ... Sabine (hay otro blog nuevo en español antes de este, sobre "la frontera caliente")

Carmelos Tortilla - ein kulinarischer Höhepunkt

Unser leibliches Wohl
Um es vorweg zu nehmen: Wir übertreiben es nicht mit dem Essen, aber abgenommen haben wir auch nicht. Wir sind der Meinung, das sei nicht unsere Schuld. In Paraguay würde man sagen: Die Schuld hat der Pombero (s. Foto im Kapitel „Asuncion“). Fakt ist, dass das auswärts Essen für die salz- und fettarme Diät der Tod ist. Wenn wir in Appartments wohnen (glücklicherweise ca. 3/4 der Zeit), machen wir uns deshalb immer unsere Salate (wir reisen mit Salatschüssel, Essig und Öl!), aber oft geht das eben nicht ...

Sandwich-Varianten

Ich versuche mal, zu beschreiben, was man hierzulande so isst:
Die Kurzformel lautet: Pizza, Hamburger, Fleisch und Coca Cola.
Wenn man in Großstädten in teure Lokale geht, mag man auch anderes bekommen. Da wir aber etwas aufs Budget schauen und zudem die Förmlichkeit der weißen Tischdecken nicht besonders schätzen (ganz abgesehen davon, dass unsere ungebügelten Reiseklamotten da schlecht hineinpassen), landen wir in Alltagslokalen.



Die Speisekarten sind in ganz Argentinien, Paraguay und Uruguay mehr oder weniger identisch, wenn auch das Produkt auf der nach unten offenen Qualitätsskala variieren kann:
  • Da gibt es natürlich die Fleischabteilung, angeführt von den panierten Tiefgefrierschnitzeln „Milanesa“ (mit Pommes), gerne auch noch mit einem halben Pfund Käse obendrauf, sowie die verschiedenen Steak-Varianten: Bife de Lomo und Churrasco, die auf dem Holzkohlen-Grill zubereitet werden und sehr lecker sein können.
  • Dann die Abteilung Pizza, die - egal in welcher Variante - immer vollgepackt ist mit Unmengen von gemacklosem vor Fett triefendem Käse, der fälschlicherweise Mozarella genannt wird. Lecker ist dagegen (meistens) der Teig.
  • Pizza, Pizza, Pizza ...
    Etwas kleiner, aber auch fast immer vorhanden, die Kategorie „Pastas“, die leider meist schlechter Qualität sind, weiß, matschig, dicke Pampesosse (ob es hier sowas wie Hartweizengriess gibt? Muss ich bei Gelegenheit mal im Supermarkt nachsehen).
    ... und Käse, Käse, Käse (bzw. Analogkäse) - hier wird Pizza in Hörnchenform angepriesen!


  • Die Abteilung „Salate“ ist meist klein, enthält aber immer eine argentinisierte Form von „Cesars Salad“, bei dem die Frische erbarmungslos einer dicken Mayo-Sosse geopfert wird. Eine „Ensalada mixta“ dagegen ist zwar meist lieblos, aber ok. Dazu gibt es Olivenöl (jawohl, hier in Argentinien gibt es Ölbäume!) und Essig, in modernen Lokalen auch schon die auch in Deutschland handelsübliche Balsamico-Imitation.
  • Die Kategorie „Empanadas“ kann richtig lecker sein, wenn auch manchmal etwas trocken. Es handelt sich um gebackene Teigtaschen mit unterschiedlichen Füllungen. Alicia weiss, wo es die besten gibt (und macht sehr gute selber).
  • Omnipräsent sind auch die „Sandwiches“. Darunter regiert der Hamburger, der meist etwas weniger vollgummi-artig ist, als sein Vetter von McDonalds. Die Krönung ist der „Completo“, den wir schon aus Chile kennen (dort in der Wiener-Würstchen-Variante). Ein Completo bekommt alles obendrauf gepackt, was die Küche so hergibt: Spiegelei, Käse, Zwiebel, Tomate, Schinken, Speck, Mayo, Ketchup, Senf … hab ich was vergessen?
    So etwa sieht der chilenische "Completo" aus!
  • Backwaren sind gut, wenn süß. Zum Frühstück gibt es die unübertroffenen Medialunas, Halbmonde, kleine saftige Croissants … mmmm. Sie müssen mindestens 1000 Kalorien haben, fürchte ich. Das Brot ist dagegen ein Trauerspiel. Weiße Pappe, vom amerikanischen Toastbrot wird sogar noch der etwas dunkler gefärbte Rand abgeschnitten. Nur nicht kauen! Da haben die deutschen Einwanderer offenbar gepennt!
    Das Standard-Frühstück: Kaffee, zwei Medialunas und Orangensaft (frisch!)
    Desayuno normal: caf'e, dos medialunas y zumo de naranja (fresco!)

  • Ganz lecker ist übrigens überall das Eis. Das stammt vom italienischen Erbe, wird aber leider von amerikanischen Unarten überformt, sprich, mit mehr Sahne und Zucker versetzt als nötig, und dann noch bunte Streusel und so ein Quatsch obendrauf.
     
  • Picadas sind Teller voller Leckereien in Häppchengröße, z.B. Schinken, Wurststücke (es gibt chorizo, aber nicht spanisch gewürzt, sondern im Stil der italienischen Salami), Speck, Erdnüsse, Käsewürfel, Oliven … alles Gift für den kalorien-, salz- und/oder cholesterin-bewussten Hungrigen.
  • Jetzt noch ein paar Spezialitäten: An den Flüssen Paraná, Uruguay und Paraguay gibt es ganz gute Flussfische, z.B. Surubí.
  • Und regionale Leckereien, z.B. im Nordosten, in Paraguay und Uruguay werden auf der Strasse überall die warmen Chipas angeboten, Teigkringel auf Manioc- und Käsebasis. Sehr lecker und sättigend. Im Nordwesten gibt es Tamiles, eine in Maisblättern gedünstete Hackfleischmasse, was sehr gut sein kann. Und Norma hat eine super-leckere Choclo-Pastete gemacht, eine Art Quiche mit Mais.

Chipa-Verkäuferinnen in Encarnacion (Paraguay) / Vendedora de Chipas en Encarnación

Zum Abschluss noch ein paar Worte zum Festessen, in unserem Fall dem Weihnachtsessen. Vieles davon war spanisch, von Carmelo mitgebracht oder von uns im Importladen gekauft, aber das Wichtigste war die Parillada – das Grillfleisch. Das wird nach einem Ritual zubereitet und serviert: Zuerst Wurststücke, dann Blutwurst, dann Rippenstücke, dann Bauchfleisch, und erst ganz am Schluss kommen die wirklich guten Steak- oder Filetstücke, wenn man eigentlich schon pappsatt ist. Dazu gibt es lediglich Salate (Mein Sellerie-Apfel-Salat kam gut an :-)), davor aber einiges an Appetizern, danach natürlich Nachtisch und Turron. Insgesamt war es weniger exzessiv als ein ordentliches Weihnachtsessen in Deutschland. Und das ist gut so, denn schließlich befinden wir uns im Hochsommer!
Teo grillt das Weihnachtsfleisch / parrillada
Das große Familien-Sonntagsessen, an dem wir bei Junaca und Norma in Posadas teilnehmen durften, sah ähnlich aus, ebenfalls Salate und Gegrille. Lediglich bei Mirtas Geburtstag, einem Fest, über das wir noch im Zusammenhang mit Cordoba berichten werden, gab es ein paar kulinarische Besonderheiten: Hühnerfleisch in Aspik, selbst gemacht und total lecker, sowie Rinderbraten aus dem Backofen (zart, kein Fett und nicht vom Grill). Alleinstehende ältere Damen grillen offenbar nicht. Gemüse haben wir übrigens auf der ganzen Reise nur auf den Märkten gesehen. Irgendwer wird es wohl essen, keine Ahnung, wer.

Es kann gar nicht süss genug sein.
















Auf dem Markt (das sind keine Getränke, aber das Foto hat sich hierhingemogelt)


Die Getränke sind vermutlich im Wesentlichen dafür verantwortlich, dass so viele Menschen in allen drei bislang bereisten Ländern völlig aus dem Leim gehen, besonders Frauen und vorzugsweise die einfacheren Leute. Dem Wetter entsprechend braucht man viel Flüssigkeit, und die wird überwiegend in Form von Limo und Coca Cola zu sich genommen. In Supermärkten und sogar in Restaurants werden locker 2,5-Liter-Flaschen verkauft bzw. serviert. Dabei hat hier das Leitungswasser überall Trinkqualität (wir haben uns am Anfang noch geziert, aber wenn man 3-4 Liter pro Tag ausschwitzt, bleibt einem manchmal nichts anderes übrig.) Ich reise mit einer Plastikkanne und vielen Teebeuteln und mache uns, wo ich kann, Tee, den wir kalt werden lassen.
Früh übt sich, was ein Limo-Trinker werden will / A beber limonada se aprende pronto
Mit dem Kaffee dagegen hat man's nicht so. Erst langsam setzt sich die italienische Kaffee-kultur durch, traditionell trinkt man hier Mate oder Tee. In den Stadtzentren findet man aber inzwischen fast überall globalisierte Segafredo-Cafés, wenn's denn sein muss.
Typischer Mate-Trinker / Típico libador de mate
Es gibt überall ganz ordentliches Bier, auch das immer in grossen (Liter-)flaschen.

In ganz Argentinien wird zunehmend der immer besser werdende einheimische Wein getrunken. Er wird in der Gegend um Mendoza angebaut (wo wir uns im Moment befinden, dazu dieser Tage ein Extra-Blog), hat aber leider die Tendenz, teuer zu sein.
Abundantes zumos naturales y ensaladas de fruta
Für uns ist der Hit der Getränke der „Licuado“, übersetzt: Verflüssigtes. Je nach Saison und Gegend werden in fast allen Lokalen frische Fruchtsäfte angeboten, auf Wasserbasis oder auch als Milchmix. Wir sind derzeit auf dem Ananassaft-Tripp. Lecker, erfrischend und durchaus bezahlbar.

Frischer Ananassaft literweis / zumo de ananás natural a litros
Ach, noch ein Letztes zum Thema Getränke: die letzte Mode bei den Youngsters: wer richtig hip sein will, der nimmt Drinks auf Fernet Branca-Basis zu sich – wer hätte das gedacht, dass dies Gesöff noch mal so hoch im Kurs steigen würde, die Kneipen hier sind voll davon! Während der leckere Pisco Sour (peruanisches Nationalgetränk, ein Drink mit Grappa und geschlagenem Eiweiß) erst hier im Westen Argentiniens zum Zuge kommt.


Una frontera caliente

Una frontera caliente
(Os recuerdo que si se hace click en las fotos, se verán ampliadas y se podrán leer mejor los carteles fotografiados)


El autobús de Asunción a Córboba tarda casi veinte horas en hacer el trayecto. Decidimos acortarlo y hacer noche en Corrientes. Salimos de Asunción por el norte, por las prósperas calles de Villa Morra y las tiendas de coches de alta gama.
No es distinto el rubro de la entrada por el sur, pero aquí no hay tiendas de neumáticos ni gomerías, sino de todoterrenos y de repuestos, no hay casas de empeños, sino anuncios de la cadena funararia „El Futuro“. 

 Se tarda más de una hora en llegar al campo y a la otra orilla del río Paraguay. No sabemos cuando llegaremos a la frontera, pero el cobrador nos ha asegurado que nos avisará y estamos tranquilos.










Y vaya si nos avisa: A los privilegiados europeos se nos ha olvidado lo que es una frontera con sus concienzudos aduaneros, esos seres plenipotenciarios al minuto que pueden disponer de tu cuerpo, tus pertenencias y tu documentación como se les antoje, preguntar lo que les de la gana y escuchar o no la respuesta. Por de pronto hacer esperar. Hay que bajar del autobús con todo el equipaje y colocarse ante la caseta de la aduana paraguaya. La cola de viajeros tiene que aguantar al sol. Qué más les da a los funcionarios de emigración. El señor de delante de mi tiene un serio problema de caderas y apenas puede dar un paso, pero allí aguanta. La flaca señora de detrás de Sabine muerde, más que fuma, un cigarrillo, pero aguanta la solana mientras la fila empieza a moverse lentamente. La ventanilla está a baja altura y es angosta; El aire acondicionado de su interior apenas permite oir lo que el funcionario dice y hay que repetirle la preguntas: ¿Que a qué vamos? ¿Que qué llevamos? ¿Que cuándo volvemos?. Cuando me toca el turno temo incluso no responder adecuadamente. El inspector AGM José Gómez, según el sello que ha quedado en mi pasaporte, es un gorila que parece extraído del curso en fascículos para vigilantes de seguridad que venden con el periódico. Sin embargo cumple su cometido comedidamente, con parsimonia..
Peor es la parte argentina. La cola se va formando ante la puerta de la caseta y, a pocos metros, los funcionarios de migración toman su mate ritual y relajadamente, sin percibir la cara de hastío y cansancio de los viajeros. Una mujer joven lucha con sus bolsos y con un niño de rasgos enanoides que tiene un ataque de llanto furibundo, pero ella no pierde su sitio en la cola. Los carteles explican algo de plantas y de frutos con microbios extraños y abonos contaminantes, Sabine reclama con indiscreción manifiesta („qué tontería!“) y entra en conversación con la señora flaca que come cigarrillos: „No es ninguna tontería, imagináte la cantidad de comercio humano, de contrabando de drogas, de pestes y epidemias que puede evitar un buen registro...“  cuenta que ella fue, el año pasado, a Bulgaria y como llevaba un kilo de yerba mate, la retuvieron 24 horas en la frontera hasta que los aduaneros búlgaros averiguaron qué clase de droga era aquélla.
Por fin los aduaneros argentinos se dignan abrir la caseta y podemos pasar, con orden, a poner nuestras maletas en la cremallera del escáner. Se ve que Argentina es mucho más moderna y avanzada que Paraguay. El funcionario, que no tiene aspecto de gorila sino de escribiente, se interesa, naturalmente, por el notebook de mi mochila. Me pide verlo y, al abrirla, repara en las píldoras que llevo. Tengo que enseñarle todo, explicarle todo, le gusta el repartidor que me proporcionó el farmaceútico de la madrileña calle de La Salud y que tan necesario me resulta para mantaner el orden de las tomas; temo por un momento que me lo vaya a requisar. Me pregunta si he tenido un „asevé“  y, como supongo que se refiere al ictus, le digo que sí (luego me entero de que ACV, son las iniciales de „accidente cerebro-vascular“). Menos mal que he podido demostrar que mis píldoras son anticoagulantes y no estupefacientes ilegales, menos mal que se ha olvidado de seguir mirando en la mochila y no ha visto la manzana y el durazno que llevo en el fondo, con el gran peligro de contaminar campos y campos de monocultivos de soja y cereales transgénicos; menos mal que gracias a estos interrogatorios los burdeles argentinos están libres de víctimas de la trata de blancas. Menos mal que hay una autoridad que puede hacer sentir el peso de su poder sobre los modestos viajeros de un coche de línea para estampar su sello en el pasaporte. Son cinco minutos cruciales, que pueden cambiar completamente tu vida y que los viajeros sólo desean que pasen. Me acuerdo de los inspectores de Gas-Madrid que me dieron el alta de la instalación de casa hace diez años porque estos funcionarios de aduanas me resultan tan chulos, todopoderosos y abusones como aquellos. Debe una ser táctica de comportamiento aprendida para adquirir el título.